El 18 de marzo de 2011, el municipio de Allende, Coahuila, fue testigo mudo del horror. Durante al menos un fin de semana, entre cuarenta y doscientos familiares, amigos, conocidos y trabajadores de tres personas fueron desaparecidos y asesinados; sus propiedades, saqueadas, incendiadas y destruidas. Todo ante la mirada impávida —e incluso cómplice— de las autoridades.

Durante años, los hechos se comentaron con miedo, entre los familiares que quedaban y los pocos vecinos que se atrevían a recordar y hablar. A la tragedia, se sumaría el silencio y, a éste, la larga espera por la justicia y, sobre todo, la verdad.

La existencia de contextos de macro criminalidad obliga a que diversos paradigmas que se han empleado en la política de atención a víctimas en México se actualicen, la crisis en la que estamos inmersos obliga a pensar diferente. En este sentido, la justicia transicional ofrece al Estado y a las víctimas un nuevo modelo para lograr la paz en el país.

La justicia transicional descansa sobre los pilares de la memoria, la verdad, la justicia, la reparación a las víctimas y las garantías de no repetición. En torno a esto, la historia mundial muestra que, en la mayoría de los casos, los países que transitan de una sociedad en conflicto a una sociedad en condiciones de paz inician creando comisiones de la verdad con los siguientes objetivos: entender, describir y difundir los horrores del pasado reciente; poder crear un marco de reparaciones a víctimas congruente con su realidad; abonar a los procesos de justicia; poder emitir recomendaciones que den garantías de no repetición; así como entender el pasado y erigir un mejor futuro.

Si bien en la experiencia internacional se han creado comisiones de la verdad y, de manera posterior, se han implementado instituciones dedicadas a desarrollar la política de reparación, México cuenta ya con un Sistema Nacional de Atención a Víctimas, con un importante bagaje en la materia.

El Sistema está en vías de consolidación, a nivel nacional, ha involucrado un trabajo contundente y especializado y ha permitido instalar una Comisión Ejecutiva a nivel federal, así como diversas comisiones estatales. Con todo y sus deficiencias y áreas de oportunidad, el Sistema Nacional de Atención a Víctimas, de la mano de una Comisión de la Verdad, es el mejor mecanismo para implementar la justicia transicional en México.

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En octubre de 2016 fue publicada En el desamparo, una investigación elaborada por El Colegio de México con el apoyo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, sobre los atroces hechos de Allende, Coahuila y San Fernando, Tamaulipas. En lo que puede definirse como un recuento del horror, subyace la búsqueda por la verdad; en las palabras finalmente pronunciadas, se salvaguarda la memoria.

El Estado mexicano tiene una deuda con las víctimas, estamos ante la oportunidad de repensar los mecanismos para comenzar a saldarla. La victimización que ocurre en el país no tiene límites territoriales, ni de fuero, ni temporales; del mismo modo, la política de atención a víctimas debe dejar de verse en términos de competencias o de una sola institución. Debe transitarse hacia un modelo en el que la víctima sea el centro; la justicia transicional, el camino; y la pacificación del país, el objetivo. La reconciliación del país será con las víctimas, o no será.

Comisionado ejecutivo de atención a víctimas

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