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Se acercan los tiempos para la emisión de la convocatoria al proceso interno por la candidatura presidencial del PRI, y también las expectativas de propios y extraños al partido, ya que en ese contexto están presentes las demandas de democracia interna por parte de corrientes críticas, y también la insistencia en la liturgia del pasado.
A quienes dudan de la competencia interna y prefieren los rituales del dedazo, el tapadismo y la cargada, vale la pena recordar que el gobierno federal actual, emanado del PRI, no tuvo esa parafernalia en la candidatura que le dio origen.
Cuando el PRI eligió a su candidato presidencial al proceso de 2012, se conformaron grupos que simpatizaron con al menos dos candidaturas, y de esa pugna surgió quien después se convertiría en Presidente de la República.
Ahora vemos el regreso del ritual que por décadas caracterizó al partido en su hegemonía. Pero son los tiempos de la competencia democrática, después de dos alternancias al hilo a nivel federal.
También es el tiempo de unificar, de consolidar la fuerza del PRI con miras a lo que será sin duda uno de los procesos electivos más competidos de las últimas décadas, y eso ya es decir mucho.
Al interior del partido, en la estructura dispersa por todo el territorio nacional, militantes y simpatizantes sostienen la necesidad de fortalecer la identidad partidista, de retomar valores y líneas de acción que se fueron dejando desde finales del siglo pasado: las causas sociales, la igualdad de oportunidades…
Somos muchos los priístas que creemos que la visión tecnócrata ha dañado a la gran mayoría de la población, esa mayoría que no cabe en las consideraciones de la macroeconomía. Hace falta tener una visión sociopolítica más apegada a los sentimientos del pueblo, que pueda conducir al país con mano firme sin lastimar los bolsillos de la gente ni quitar la comida de la mesa de las familias.
Sobre todo, somos muchos quienes creemos que a este país le urge un replanteamiento del sistema, un cambio real a lo establecido. Hay que tener siempre presente el oficio de la buena política con mayor participación de los ciudadanos en la toma de decisiones.
En el PRI vamos a entrar en un proceso interno con las expectativas puestas en el proceso electoral de 2018, pero también en lo que esperamos del gobierno y del partido en los años por venir.
El resultado nos dirá si los priístas queremos ser apéndice del sistema o seguir nuestra ruta de evolución como un partido fuerte, competitivo y que pueda llamar a verdaderas cuentas a los militantes que se alejen de sus principios.
Diputada federal del PRI
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