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La excelencia académica está en muchos factores, entre ellos, la experiencia en el campus; eso lo entiende muy bien la Universidad Panamericana, cuyas instalaciones son una herramienta educativa más, por ello ampliaron el campus Ciudad de México –ubicado en distintos puntos de Insurgentes Mixcoac, donde el edificio principal data del siglo 17– con un nuevo y moderno anexo.

“El objetivo fue consolidar una mayor cercanía entre los alumnos y crear espacios propicios para la investigación con una mejor distribución que no rompiera con la estética de la universidad”, dice el rector de la universidad, José Antonio Lozano Díez.

El despacho del arquitecto Enrique Norten fue el elegido para este proyecto, que se planeó en tres predios contiguos a los que llamaron 100, 102 y 106; se conectan a través de una escalinata y dos pasillos, en los que se encuentran tres facultades: Comunicación, Medicina e Ingeniería.
Comunicación cuenta con un espacio de radio y televisión, mientras que Ingeniería incorpora diversos laboratorios, además de una azotea pensada especialmente para pruebas al aire libre de las invenciones de los alumnos. Por último, Medicina tendrá un centro de simulación de hospital, con maniquíes y alta tecnología.

El nuevo edificio está colocado al fondo del jardín principal del campus, junto a la cafetería, “donde se puso una fuente con las esculturas catalogadas, que son intocables”, señala el arquitecto de la facultad de la UP, José de la Madrid Ochoa, coordinador del proyecto general.
Norten colocó en la fachada paneles de aluminio pintado a fuego en color blanco, en forma de X y Y; la estructura tiene además plafones blancos y cristales que permiten a la luz natural entrar a salones, laboratorios y oficinas, y proyectó una terraza por cada piso, “con el fin de que los alumnos no se sientan encerrados”, comenta Lozano Diez.

En realidad, son dos edificios independientes que convergen por un pasillo en el segundo piso, mismo que lleva a la gran terraza principal en la calle de Valencia. “Hay un bloque en el que la estructura parece remeterse, que tiene movimiento”, señala Pedro Struck, quien estuvo a cargo de la construcción con la empresa ICISA.
Quizás lo más impresionante del edificio es el lobby, con su estancia multiusos en la que los alumnos conviven y trabajan; en un extremo hay un área de estudio al aire libre y al otro se halla la biblioteca de Ingeniería y un laboratorio madre. Norten, famoso por crear estructuras lúdicas y transparentes que permiten la navegación de las áreas con fluidez, no decepciona. En la entrada los muros actúan como puertas movibles para cercar el edificio en la noche.

Este espacio es una suerte de lobby similar al de un museo, con altos muros y un techo inalcanzable que otorgan una sensación de libertad. El mobiliario es Herman Miller y cada facultad tiene un color. Esta hacienda, huerta y fábrica de telas, conocida como El Obraje de Mixcoac, fue comprada por la UP ya en el siglo pasado a la familia Chancellor.
“En la cámara principal se mantienen elementos de la época”, dice Mayte Lot, directora de Difusión Cultural de la UP. También existe una higuera que Octavio Paz sembró en la universidad en 1988, cuando recibió el Nobel de Literatura. “Teníamos una serie de símbolos tradicionales arquitectónicos; nos faltaba la innovación del Siglo 21”, concluye el rector.
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