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Un presupuesto redistributivo

21/12/2018
01:59
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Un análisis del Presupuesto de Egresos debe evitar centrarse exclusivamente en la comparación de partidas destinadas a dependencias o programas específicos. La propuesta del presidente contempla una lógica redistributiva poco antes vista, la cual se ha hecho posible gracias a una reorientación el gasto y una reingeniería de programas que podría tener efectos significativos en el área social y en el ingreso de los más pobres.

Detrás de la elaboración del presupuesto se nota un esfuerzo serio –aunque probablemente deba profundizarse– por desaparecer programas inefectivos y fortalecer aquellos que están llamados a jugar un papel estratégico. Desde hace años Coneval viene insistiendo en que existe una enorme dispersión en el gasto social que se expresa en la enorme cantidad de programas sociales existentes, muchos de ellos sin objetivos claros.

Por primera vez se ha hecho un esfuerzo por eliminar muchos de estos programas. En algunos casos se suprimieron algunos por completo, en otros se redujeron partidas considerablemente. Personal vinculado a la nueva Subsecretaría de Egresos revisó el diseño de los programas sociales existentes, para qué servían o a quién beneficiaban, si es que tenían evaluaciones de impacto o habían sido objeto de auditorías desfavorables.

Aunque varias voces han reclamado la reducción de diferentes partidas, muchas de estas tienen una explicación razonable, en tanto lo que se afecta principalmente es el gasto administrativo de las dependencias, el cual las obligará a reducir el dispendio y a hacer más con menos. En otros casos, la reducción tiene un componente de justicia social elemental.

En Conacyt, por ejemplo, la baja se explica en gran medida por la reducción de un programa orientado a la “innovación en las empresas” (supuestamente de todos los tamaños), que se ejercía con total opacidad, y donde el 56% de los recursos se destinaban a un puñado de grandes empresas como Audi, Volkswagen o Intel. Muy posiblemente, un ejemplo de captura del Estado que la administración anterior tenía la desfachatez de catalogar como un “programa social”.

En la Secretaría de Agricultura, donde la iniciativa presenta una reducción del 20%, se eliminaron al menos tres programas profundamente regresivos (PEC, Fomento Ganadero y ASERCA), también considerados como “programas sociales”, cuyos beneficios eran abrumadoramente capturados por los productores de granos más ricos del país en unos cuantos estados. Esto permitirá reorientar recursos a pequeños agricultores y agricultores de subsistencia, y así pagar una deuda histórica con uno de los sectores más desfavorecidos.

En la extinta SEDESOL –hoy Secretaría de Bienestar– se han suprimido algunos programas como el de Jornaleros Agrícolas –inefectivo, ineficaz y con una pobre caracterización de sus beneficiarios– o el programa de Comedores Comunitarios. Aunque a primera vista podrían parecer decisiones equivocadas, en el primer caso se podría atender a este sector discriminado a través de políticas más amplias. Habrá que evaluar si efectivamente logran llegar a este grupo social.

En el segundo caso, es de notar que la mayoría de los comedores no se ubican en municipios con pobreza alimentaria, y su apertura se llevó a cabo con amplios márgenes de discrecionalidad. Sorprende también que más de la mitad de los comedores se ubican en dos estados. Con todo, la fusión entre Diconsa y Liconsa en el nuevo organismo de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) permitiría coordinar esfuerzos en materia de seguridad alimentaria, e incluso distribuir una canasta básica a las poblaciones que lo requieran.

El gran misterio es qué ocurrirá con Prospera, cuya reducción presupuestal podría ser significativa. La iniciativa de presupuesto canaliza componentes de este programa hacia otros, como Jóvenes Construyendo el Futuro, la Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior y el Programa para Adultos Mayores, lo que eventualmente podría llevar a la desaparición de este programa insignia del enfoque neoliberal que ha tenido nuestra política social desde el gobierno de Zedillo. No deja de ser preocupante la falta de un programa de atención a la primera infancia.

Más allá de haber sido capaz de contener la pobreza, en el área social del nuevo gobierno Prospera se percibe con poca simpatía, quizás porque ha sido poco efectivo para reducir las causas de la pobreza. Una fuente directamente involucrada señaló que el gobierno no ha logrado ubicar al menos a un 30% de sus presuntos beneficiarios. Una vez que se haya agotado la búsqueda, se tomará una decisión al respecto. En cualquier caso, la nueva administración ha planteado que será cuidadosa en que ningún derechohabiente se quede sin apoyo.

Investigador del Instituto Mora
@HernanGomezB
Hernán Gómez Bruera
Profesor-Investigador del Instituto Mora; analista político, internacionalista y especialista en América Latina.

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