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Izquierda: cambio en democracia

31/03/2019
01:56
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La izquierda tiene deudas con la memoria, la principal es su implicación en los totalitarismos del siglo XX. Con el soviético, medio muerto, pero al acecho; con el maoísta, que goza de cabal salud, y con sus émulos tropicales. También le debe definiciones al presente por el rechazo a la democracia de algunas de sus corrientes, a la que denominan “formal” o “burguesa”. Y ambas asignaturas pendientes se entrelazan en fenómenos como los populismos de izquierda y de derecha.

Sobre el totalitarismo han corrido ríos de tinta y no me extiendo en él por la falta de espacio. Baste decir que su amenaza no ha desaparecido. Ese crimen de lesa humanidad tiene partidarios que ven en el “socialismo realmente existente” una alternativa válida al capitalismo, y si no ha llegado a ser exitoso, ello es resultado de los embates del “imperialismo” y no de su lógica interna, como en realidad ha sido demostrado en todos los análisis serios. Y contra la “formalidad” de la democracia “burguesa” se alzan algunos proyectos políticos, como el bolivariano y otros francamente de derecha que la pretenden sustituir por una falaz “democracia sustantiva.”

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la izquierda se embarcó en un intenso debate que produjo nuevas tesis y corrientes que derrotaron a la ortodoxia leninista, hoy agazapada en el populismo de “izquierda”. El eurocomunismo y el socialismo democrático fueron las más notables, y sus tesis siguen vigentes en la idea de que la democracia no puede llevar el apellido de ninguna clase social. No es ni burguesa ni proletaria, sino es resultado de luchas por la libertad y la igualdad política de la humanidad en distintos momentos de la historia. En la democracia como en la política, la forma es sustancia. Por eso es el único tipo de gobierno que hace posible dos cosas indispensables: elegir y remover gobernantes por la decisión de los ciudadanos mediante el sufragio, y someter el ejercicio del poder al estado de derecho. La clave central de una política de izquierda con visión de futuro es reunir en su acción el compromiso con la democracia entendida en esos dos sentidos y el cambio económico y social. Esto obliga a una ruptura con el populismo y con toda aspiración hegemónica. La democracia no es accesoria; tampoco es un instrumento. Es una forma de gobernarnos que nos permite elegir las políticas más adecuadas para la vida social según nuestro parecer, no según el dictado de una doctrina o una persona. El que no siempre se logre no es culpa de la democracia, sino del arreglo político y económico dominante en un tiempo y espacio específico. Es falso negar que es posible conciliar las dos finalidades en sociedades justas y democráticas. Esta idea es disonante en los tiempos que corren, cuando la llegada del presidente López Obrador y Morena marcan tentaciones e intenciones en sentido contrario, a pesar de que su triunfo es la prueba de que el cambio es posible sin destruir la democracia.

A muchos preocupa, y con razón, que los resortes de la nueva mayoría estén guiados por la concentración de poder en el líder y las ganas de imponer un “modelo” económico y de bienestar cuya definición es desconocida y que, en el mejor de los casos, avanza a tientas cuando no a ciegas. Por decreto se ha dado por terminado el “neoliberalismo”, pero lo que ocupará su lugar está en la oscuridad. Se habla mucho de un nuevo régimen político, pero hasta hoy lo que hay son farsas de consulta “popular” al margen de las reglas democráticas y una iniciativa para introducir la revocación de mandato con la intención de reforzar el poder del presidente, no de dotar a la sociedad de mejores herramientas contra las malas prácticas de los gobernantes. Además, con sus declaraciones cotidianas y el mutismo casi total de su gabinete, el presidente refuerza la sospecha de que su finalidad es concentrar el poder en su persona, aún yendo en contra de las instituciones democráticas que controlan el poder. Con la iniciativa de revocación de mandato busca ponerse en la boleta electoral en el 2021, y abrir el camino a otras reformas regresivas y autocráticas para perpetuarse. Si la dupla AMLO-Morena ha de ser creíble entonces tendrá que demostrar en los hechos que es de izquierda y que es democrática. Mientras no acepten esa doble condición, seguirán presentándose como lo opuesto.


Académico de la UNAM.
@pacovaldesu

Francisco Valdés Ugalde
Francisco Valdés Ugalde es Doctor en Ciencia Política, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y miembro del Consejo Superior de la Facultad Latinoamericana de Ciencias...

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