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Don Miguel Gallegos, un hombre entrado en años, agarra con fuerza la pala y saca tierra del fondo del hoyo en el que se sumerge.
Rodeado de cruces y restos humanos, saca con fuerza la tierra rojiza característica de esta zona del sur de Veracruz.
“En Pajaritos sí da miedo, aquí no porque no te hacen nada los muertos”, dice el sepulturero del panteón La Loma del puerto de Coatzacoalcos.
En esta ciudad petrolera que el miércoles sufrió una tragedia cuando se registró una explosión en el Complejo Petroquímico Pajaritos, Don Miguel y dos de sus chalanes se apresuran a cavar las tumbas.
Con 27 muertos y 28 personas aún en hospitales (13 de ellos en estado grave), vislumbra un aumento en su chamba, aunque no cree que vaya a ser mucho, porque –dice- los fallecidos venían de otras regiones.
“Vamos a ver si vienen para acá porque a veces se los llevan a los lugares de donde son”, explica el hombre de tez morena que lleva contabilizados dos mil entierros desde que tomó el oficio.
A lo largo de los años, se ha acostumbrado a trabajar entre los muertos, incluso de vez en cuando duerme en el lugar sin que –presume- nada le haya espantado.
“La verdad es como los doctores, ya no se siente nada”, suelta, pero aclara que nunca le ha tocado enterrar a uno de los suyos.
“Yo no he enterrado a ningún familiar aquí y hay algunos que lo sienten mucho y otros no”, revela parado en un montón de polvo.
Para Don Miguel es un empleo como muchos e incluso más seguro que laborar en el Complejo Petroquímico Pajaritos, donde –dice una y otra vez- “ahí si da miedo, aquí el panteón no porque no te hacen nada los muertos.
“Pero allí en la planta sí da miedo porque no depende de ti, si fue un error humano sabes que va a pasar, las plantas son grandísimas”, rememora.
Mientras platica, no cesa en su tarea de hacer más profundo el hoyo que será revestido por ladrillo para conformar una pequeña bóveda donde descansarán algunos de los fallecidos de la explosión.
spb
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