Ira. El miedo viaja en taxi

En el puerto, los taxistas son presas favoritas del crimen, que en 2015 asesinó a 300

ILUSTRACIÓN: ROSARIO LUCAS
Estados 22/03/2016 01:28 Vania Pigeonutt / corresponsal Acapulco Actualizada 17:02
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Saúl sabe que la libró otro día y no entiende bien por qué, pero la sensación de subirse a su Volkswagen modelo 95 otra mañana, le da tranquilidad. Baja las ventanas y deja que corra el aire húmedo del puerto en su vehículo, que repuso hace tres meses porque en 2014 le robaron su primer taxi.

La unidad recorre la costera Miguel Alemán, la vía más céntrica y transitada de Acapulco. Pasar por allí recuerda eventos traumáticos a Saúl, un hombre que aunque lleva 14 años detrás de un volante, nunca había visto que balearan sitios o se “ensañaran” contra transportistas como a la fecha. En 2015, organizaciones como la Coordinadora Estatal de Transportistas Independientes del Estado de Guerrero (CETIG) denunciaron el asesinato de cerca de 300 transportistas en el puerto.

Este año, de acuerdo con los registros de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) han ocurrido cuatro ataques a sitios de taxis en Acapulco y uno más a una base de combis en la colonia Cumbres de Figueroa. Las agresiones se han dado en la zona turística y conurbada del puerto. Todos del 2 al 8 de marzo.

Con las noticias sobre su gremio, “la sensación de: tú eres el siguiente, no se quita del cuerpo”, admite Saúl llevándose un pañuelo a la frente para secarse el sudor.

Apenas hace unos días balearon un sitio de taxis, muestra con el dedo índice. Está frente a una tienda Aurrerá. Ese 6 de marzo, era domingo y él descansó, pero se enteró, cómo faltando minutos para que dieran las 14:00 horas, “unos encapuchados pasaron en un carro y dispararon al sitio conocido por el nombre de la tienda. Hirieron a tres taxistas y a un turista”. Fueron cinco los lesionados de bala ese día, el quinto era un cliente que salía del lugar de autoservicio.

Desde que inició marzo, los taxistas, junto al gremio tortillero y prestadores de servicios son de los más afectados por la violencia. Choferes como Saúl consideran que “la maña ya agarra parejo, quieren cuota y si no les das te chingan. El problema que son varios los que te piden, y uno se queda parado con su impotencia”.

Hace casi dos años llevó un viaje especial a una colonia cerca de Ciudad Renacimiento y le robaron su carro, un Tsuru que compró en 2009. Los tipos lo bajaron, eran cerca de las 17:00 horas y le apuntaron con armas, sólo recuerda “Cuernos de chivo, me gritaron: ¡bájate cabrón, bájate!, ¡Tuve que irme!”.

Él ha trabajado casi siempre por esa zona periférica, donde se concentran, según Seguridad Pública, la mayoría de asesinatos en Acapulco —van más de 200 en 2016— pero nunca lo habían tratado así. No le gusta hablar del cobro de cuotas o de cómo se maneja “esa gente” por miedo, pero admite que sí tiene que pagar algo a un grupo, 280 pesos al mes. “Muchos choferes dan a trabajar sus carros, pero uno tiene que salir tarde o temprano”.

El conteo oficial indica que los asesinatos de transportistas no han ocurrido sólo en sitios de taxis. En enero y febrero, en las colonias Jardín Mangos, fraccionamiento Rinconada del Mar, Cuauhtémoc y en Ciudad Renacimiento hombres armados mataron a cuatro choferes, uno en cada colonia. En la Potrerillo, ubicada en la parte alta de La Mira, fue asesinado a balazos el velador de una base de taxis.

Para el jueves 8 de marzo, la SSP contabilizó cinco muertes y siete heridos por ataques a sitios de taxis a pesar de la presencia del Ejército, la Marina, la Policía Federal y la Fuerza Estatal que mantienen operativos coordinados para resguardar la ciudad. “Los militares llegan cuando ya pasó todo, siempre ha sido así”.

“Un nuevo ataque a sitio de taxis ocurrió cerca de las 9:00 horas en Acapulco, en la calle Artículo 27, en la colonia Progreso […] Sujetos armados dispararon contra un sitio de taxis ubicado en la colonia Icacos calle 7 y 3, dejando como saldo un muerto y tres heridos”, rezaban las notas rojas durante esa semana.

Mauro, otro chofer que estuvo cerca de un ataque, dice que hay compañeros metidos con el crimen organizado. “Es cierto que por la cuota, pero hay otros intereses. En este negocio no hay que andar consiguiendo droga a la gente o servir para entregar paquetes, eso muchos no lo ven, o se cansaron de estar nomás pagando, querían recibir y nos pusieron en riesgo a todos”.

En la época buena, como adjetiva Mauro a la década de los años 80 y 90 cuando sentía que podía trabajar a gusto, los turistas les daban propinas por orientarlos, los restauranteros también otorgaban una comisión cuando llevaban a un nuevo cliente, así con los hoteleros, pero ahora le queda trabajar en sitios reconocidos que pagan a empresas por establecerse, que otros ubicados en colonias periféricas.

Por ejemplo, hay un sitio ubicado frente a una terminal de autobuses que paga por estar afuera 45 mil pesos a una empresa de autobuses. Y son los taxistas quienes juntan ese pago, más su salario, si son choferes el pago diario de una cuenta mínima y el pago mensual o semanal para ellos. “Te quedas sin nada y sin ganas”.

La postura del alcalde perredista de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre, ante estos hechos es criticada por los taxistas, porque “ninguna autoridad le ha entrado a ver de dónde viene el problema, nosotros somos los que vemos cómo va en aumento”. Velázquez dijo al respecto “no nos van a doblar ni nos van a intimidar”.

También se comprometió que su policía se coordinaría con las áreas de seguridad para analizar el cómo “redoblaremos esfuerzos” y considera que los ataques son “una represalia por parte del crimen organizado al sitio de taxis (en referencia al de la tienda Aurrerá)… gracias a Dios no hubo muertos”.

El sacerdote guerrerense Baltazar Vega considera que los delitos van en aumento porque la gente vive insatisfecha y no hay fuentes de trabajo. Las manifestaciones violentas tienen que ver con la ira, un vicio considerado por la iglesia católica como uno de los pecados capitales, porque “es una manifestación sicológica y espiritual del disgusto, de ver un desorden, una inestabilidad y ver las injusticias”.

Los actos de arrebato son una manifestación de odio, rencor y venganza, “la gente ha perdido cercanía con Dios […] Mis feligreses están preocupados por el futuro que les depara a sus hijos, le piden mucha paz a Dios por toda la violencia… en mi iglesia han aumentado secuestros, asesinatos, extorsiones principalmente”.

La gente que delinque, para el sacerdote, en la mayoría de casos buscó una oportunidad pero no la encontró. Se refugian en las drogas y en varios casos se enfilan en el crimen organizado. Él como sacerdote cuando llega un joven pidiéndole ayuda para que deje de drogarse sólo puede ayudarlo canalizándolo a un Centro de rehabilitación. La ira, es un coraje desmedido por falta de respuestas, resume.

Los taxis colectivos amarillos pasan por el centro y recorren toda la zona turística, se cruzan con las unidades azules con blanco que reportan más de 600 sitios. Han pasado cinco días del ataque a taxis donde fue baleado un turista de la Ciudad de México de 16 años de edad, en el fraccionamiento Magallanes, donde la SSP ha registrado otros homicidios. Saúl observa a sus compañeros y se ríe de nervios.

Los 13 taxis que esperan pasaje están estacionados uno muy pegado del otro y sus choferes, que usan camisas blancas del uniforme, refugiados en la entrada de la tienda departamental. Sólo una malla divide sus unidades. Salen a atender sólo cuando encuentran a la salida de la tienda a un pasajero. Y al hablar del tema responden: “¡No, por favor, váyase!”.

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