Sencillo, amable, cariñoso, interesado en su futuro y como un padre describieron a Juan Gabriel exalumnos de la escuela musical y albergue infantil Semjase, que el cantante mantuvo abierto en Ciudad Juárez durante casi treinta años.

"Juan Gabriel fue un padre para nosotros. Nos dio todo por nada", dijo a Efe Antonio Flores, un joven de 23 años que estuvo interno de los 7 a los 14 en este centro educativo destinado a infantes y jóvenes procedentes de familias con bajos recursos o huérfanos.



Para Miguel Ángel Pacheco, hoy ingeniero industrial, el artista era una "persona muy sencilla, amable y con mucho amor y cariño para dar a los jóvenes necesitados".

Todos los niños que alguna vez pasaron por el centro recuerdan con todo lujo de detalles sus momentos con el divo, pocos pero inolvidables, que reflejan la cara más amable y cercana del compositor.

Un artista de orígenes humildes y marcados por una infancia muy similar a la de sus protegidos; nació en 1950 en Michoacán (oeste de México) y de niño se trasladó a Ciudad Juárez, donde pasó años internado en un centro, precisamente porque su madre no podía mantenerlo a él, el menor de sus ocho hijos.

Víctor Eduardo, por ejemplo, lo vio cuatro veces, y fue en la segunda ocasión, cuando tenía diez años, que un detalle le llamó la atención cuando se acercó a saludarlo: "Recuerdo muy bien que iba con una boina (de la marca) Jordan. Y traía un olor muy rico. Iba todo de negro, muy elegante".

A su vez, Sergio Leslie, alumno del centro de los 6 años a los 19, reivindicó con una anécdota la faceta más humana y humilde de este multimillonario artista.

Tras una de esas actuaciones en el Auditorio Nacional que ninguno de los jóvenes jamás van a olvidar, Juan Gabriel los llevó a cenar: "Me llamó la atención su sencillez. Le pregunté cuál era su comida favorita y me dijo: Los frijoles".

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