Por allá El Che Guevara saca la lengua. Más acá, las banderas de Estados Unidos y Cuba, separadas durante más de medio siglo por la ideología política, son unidas por la satánica y estilizada lengua de Mick Jagger. Con signos como estos, The Rolling Stones derrumbó ese muro cultural en el que vivieron los cubanos desde la década de los 50.

Desde días antes se empezó a montar lo que es hasta ahora la producción más grande que ha ofrecido un espectáculo en la isla. Un escenario que mide cerca de 80 metros de largo y 20 de alto, siete pantallas, ocho repetidores con mil 300 kilos de sonido transportados en 65 contenedores.

Entre el público se observaron mayormente jóvenes gustosos del rock. Otros se desplegaron del interior del país y muchos extranjeros aprovecharon la oportunidad para vacacionar y ser parte del gran momento.

La noche del jueves, The Rolling Stones se reunió con algunos artistas y músicos de la isla en la residencia de la Embajada Británica, comandada por Tim Cole. Los canapés y el vino tinto animaron a las 200 personas que asistieron.

El escritor Juanito Camacho afirmó que después de esa reunión no le queda más por cumplir. “Esto fue más de lo que soñé. Hablé con todos, muy atentos, perfectos caballeros”.

El cantante Ray Fernández contó la experiencia así: “Estábamos todos comportándonos. Pero cuando llegó Mick Jagger, la euforia se los comió y estaban todos tirándose para pedir autógrafos, se lo querían comer a besos. Casi no habló, se fue rápido”.

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