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A sus 56 años, el británico Hugh Grant sigue conservando ese rostro de niño grande que tanto le ha
ayudado en sus comedias románticas, pero, según afirmó hoy en San Sebastián, no cree que levante las pasiones de antaño entre el público más joven.
"No creo que para ellas sea un sex symbol, sino una curiosidad", dijo el protagonista de "Notting Hill" o "Cuatro bodas y un funeral", que presenta en la sección Perlas del certamen una comedia sobre la
posiblemente peor soprano de la historia: "Florence Foster Jenkins".
Dirigida por Stephen Frears, la película cuenta con Meryl Streep en la piel de esta anciana ricachona con ínfulas de diva y totalmente ajena a la realidad, mientras que Grant -más ajado en la gran pantalla que en la realidad- da vida al fracasado actor que se convierte en su marido y mánager.
Grant no tuvo reparo en reconocer ante los medios lo mucho que le asustaba trabajar junto a Meryl Streep. "Pensar en que tienes que estar frente a una mujer que ha sido 19 veces nominada al Oscar
impone mucho", declaró. Por eso, se documentó "más que nunca" para este papel e intentó que su interpretación mostrara también ese lado trágico del personaje.
Con elegancia británica, este londinense de eterna sonrisa despachó la inevitable pregunta del Brexit con un "demasiado agotador" y confesó que la imagen de bromista que ofrece muchas veces en la gran pantalla no es tanto él sino una actitud nacional: "Cada cultura prioriza una cosa: los franceses comida y sexo; los británicos, los chistes".
De hecho, confesó que realmente tiene un problema con el humor al actuar, pues es incapaz de aguantarse una carcajada. "Por eso dejé el teatro, porque cada vez que decía algo gracioso y el público se reía yo no podía evitar reírme". Algo que, por supuesto, sucedió muchas veces durante el rodaje de "Florence Foster Jenkins", añadió.
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