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A 5 mil metros de altura, la gente se pone de mal humor por falta de oxígeno y, si en medio se está realizando una película, puede ser factor.

Por fortuna, para los cineastas Yulene Olaizola y Rubén Imaz, el director de fotografía tenía experiencia en el alpinismo y cuando había discusiones, explicaba que eso era normal por el ambiente.

“Si a eso agregas que comes mal, que no duermes o lo haces con frío, que a medianoche debes ponerte las botas y salir a orinar cuando ya estás tomando algo de calorcito, ahora es que no entiendo cómo le hice”, recuerda bromista Yulene.

La realizadora (Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo) habla así de su experiencia en Epitafio, filme que codirigió con Imaz y que se estrena este viernes en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.

Se ubica en 1519, cuando un grupo intentó subir al Popocatépetl y conseguir azufre para las armas españolas.

La historia está inspirada en la travesía de Diego de Ordaz, acompañado de unos hombres, que marcó el inicio del embate final ibérico en contra de la gran Tenochtitlán.

Xabier Coronado y Martín Román, españoles que protagonizan la cinta rodada en el Pico de Orizaba, narran que para ellos sirvió el clima.

“Si uno moqueaba, no había que actuar, porque lo estaba haciendo de verdad”, apunta el primero divertido.

“Cuando me enteré que la media era que una o dos personas mueren en el Pico, dije qué hago aquí”, comentó bromista por su parte Román.

El guión fue escrito basándose en los escritos originales de los conquistadores Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés y el mismo De Ordaz.

También se aprovechó El requerimiento, texto aprobado por el Vaticano en su momento, para la conquista de tierras en América, como fuera.

“Lo que se nos ha dicho en la escuela es que fue un grupo de gente que destrozó una civilización; hay buenos y malos, aquí es para que nos podamos meter en las botas de los españoles”, considera Imaz (Familia Tortuga).

De acuerdo con las crónicas de la época, el grupo español fue acompañado por pobladores tlaxcaltecas a las faldas del Popo para la encomienda.

Imaz y Olaizola echaron mano de náhuatl hablantes de Santa Ana Tlacotenco, que radican en la delegación Milpa Alta, de la Ciudad de México.

“Es un pueblo que tiene la encomienda de salvaguardar la antigua palabra y tratan de respetarla pasándola de manera oral”, detalla Imaz.

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