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‘Dreamers’ como moneda de cambio

03/02/2018
02:16
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En el primer discurso del “Estado de la Unión” del presidente Donald Trump ocupó un lugar importante su política de inmigración que pretende defender a los blancos frente a las amenazas que representa la inmigración para EU. Finalmente anunciar lo que pretende sea su gran reforma migratoria que tendrá que ser avalada por el Congreso. Lo que anunció Trump es una agresiva política antiinmigrante en la que ha dado ya los primeros pasos, con el decreto que deja sin efecto la protección de 200 mil refugiados salvadoreños, otro más cancelando permisos a miles de refugiados sirios. Es también la continuación de su política de prohibir la entrada a EU a nacionales de siete países musulmanes. Es la continuación de su visión de que El Salvador y Haití, junto con África, son “países” de mierda (shit holes) de los que no quiere inmigración Estados Unidos.

La inmigración es un importante factor de división, hasta el punto que los senadores republicanos y demócratas, al no ponerse de acuerdo, llevaron al cierre o parálisis del gobierno de Trump hasta el 8 de febrero, en que deberán volver a reunirse para encontrar salidas a la división. En el centro estuvo el tema de la protección a los Dreamers cancelada por un decreto de Trump a partir del 5 de marzo próximo. Los Dreamers, que llegaron a EU llevados por sus padres, cuentan con el apoyo de casi 90 por ciento de la población de Estados Unidos, lo que pone en un serio dilema a Trump y a los legisladores republicanos que lo apoyan.

A pesar de todo el ambiente anti-inmigrantes de la campaña de Trump, del apoyo de sus seguidores, de la orientación de sus políticas hacia el más puro racismo y supermacía blanca, resulta que muchas encuestas muestran un humor ciudadano distinto. The Atlantic, en un artículo titulado Cómo la inmigración se volvió controversial de Derek Thompson, recoge datos que muestran que todo lo hecho por Trump en materia migratoria va a contracorriente. Destaca el hecho de las opiniones divididas entre los republicanos, por más que tengan la mayoría ambas Cámara del Congreso.

Aquí los datos: los estadounidenses que consideran que debe haber un menor nivel de inmigración cayó de 65.5% a mitad de los años noventa, a sólo 35%, estableciendo una cifra récord a la baja. En 2017, una encuesta de Gallup sobre el temor de que inmigrantes lleven crimen, quiten empleos a las familias que nacieron en EU o dañen el presupuesto y la economía, también alcanzó la cifra más baja de todos los tiempos. En la misma encuesta el porcentaje de estadounidenses que dicen que los inmigrantes ayudan a la economía, alcanzó el nivel más alto desde que se inició haciendo la misma pregunta en 1993. Otra encuesta de Pew Research preguntó si los inmigrantes fortalecen al país con trabajo duro y talento, e igualmente encontró que las respuestas afirmativas fueron las mayores de todos los tiempos.
En el mes de octubre del año pasado, la revista The Atlantic publicó un extenso ensayo bajo el título: “El primer presidente blanco” el título llamó la atención porque todos los presidentes de Estados Unidos, excepto Obama fueron blancos. Luego aclaraba en el subtítulo, “el fundamento de la presidencia de Donald Trump es la negación del legado de Obama.” El cambio radica, en que los presidentes anteriores gobernaron con un poder pasivo de lo blanco, del nativismo, de la superioridad de los blancos, que estuvo ahí en distintas etapas, durante décadas y siglos de discriminación a la población afroamericana, frente a los llegados de otros países como los latinos y en particular los mexicanos, a los que se llamaba despectivamente “greasers”(grasientos) o que eran recibidos en restaurantes, con letreros en inglés que decían “no se admiten perros ni mexicanos”. La segregación aplastó a todos los no blancos, a los afroamericanos, a los mexicanos y latinos, a los asiáticos, los árabes... Se abría así la discriminación a partir de los pecados fundacionales de Estados Unidos: La liquidación o masacre de los pobladores originarios, la ocupación de sus tierras a sangre el fuego, su sometimiento por los blancos llegados a conquistar, la esclavitud de los negros traídos para trabajar grandes extensiones territoriales en la agricultura del Sur, la guerra contra México…  

Volviendo al discurso del Estado de la Unión, en el que Trump hizo todo lo posible por convencer del terrible peligro que representa la inmigración, las pandillas, los narcotraficantes, las drogas… Todo ello para concluir en una política regresiva en materia de inmigración. Utilizó a gente que ha sufrido delitos espantosos para mostrar que los inmigrantes violentos son los causantes, que está bien ser duros y represores con ellos en la frontera. Ensalzó a quienes son rudos y maltratan a quienes pretenden cruzar, hizo todo lo posible e imposible por convencer que es necesario construir el muro en la frontera con México y por tanto acabar con todos los peligros que asechan a los “americanos”. Convirtió la excepción en regla, los inmigrantes en delincuentes, a pesar de que delinquen menos que los blancos americanos.

Y finalmente, propuso que el Congreso apruebe una nueva ley migratoria expandiendo la protección a los Dreamers hasta 1.8 millones, para que en alrededor de 12 años puedan obtener la ciudadanía, junto con una dura política en la frontera con México: barda, mas efectivos de la patrulla fronteriza, desaparición de la “lotería” mediante la cual podían obtener alrededor de 50 mil al año la residencia y permiso de trabajo, y la reducción de permisos de residencia para familiares de nacionales estadounidense, visas de residencia conocidas como de reunificación familiar, que en adelante sólo se otorgarían a los hijos menores y esposos. Los Dreamers moneda de cambio para una política anti-inmigratoria que afectará también a los familiares de estos jóvenes, que tendrán que luchar para obtener la ciudadanía.

La población que más crece en EU es la de las minorías. El presidente blanco continúa negando y pretendiendo destruir el legado del presidente negro, en un país cuyo futuro es el multiracismo. Los blancos serán minoría en unas décadas en Estados Unidos. ¿Cuál es el problema? Es el cambio demográfico.

Periodista y analista internacional

Periodista y analista de temas internacionales

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