¿Partidos político-religiosos?

Editorial EL UNIVERSAL

“Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, es lo que recogen los evangelios como sentencia proferida por Jesucristo al pedírsele su postura ante el gobierno romano de su tiempo. Con ello marcaba la notoria separación que debía haber entre los asuntos terrenales y los espirituales. Pero ahora que se ha conocido que la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice) pugna por eliminar la restricción existente para que ministros y pastores de cultos religiosos puedan aspirar a desempeñar cargos públicos, el consejo del redentor parece perder vigencia.

Y es que lo propuesto por los evangélicos implicaría modificar el artículo 130 constitucional que establece la ya famosa separación entre la Iglesia y el Estado, fruto de la reforma implementada por el presidente Benito Juárez en el siglo XIX.

Sus aspiraciones comprenderían además la conformación de partidos políticos con ideología religiosa que postularían a sus propios candidatos y contarían con su propia militancia, y es que aseguran que la legislación en México en materia de religión es ya obsoleta, toda vez que sólo tres países en el mundo prohíben de manera expresa a ministros de culto y líderes espirituales tener derechos políticos entre los que está la postulación a cargos públicos, el proselitismo abierto en favor de candidatos electorales y la asociación y la creación de agrupaciones con fines políticos.

De entrada, los grupos evangélicos han tenido ya acercamientos con integrantes del partido en el poder para solicitar sea revisada la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, con miras a una mayor laxitud hacia las congregaciones y sus ceremonias y expresiones de culto, con especial énfasis en una apertura de esos grupos a los medios de comunicación.

Estos grupos religiosos están en su derecho de gestionar, de cabildear en el Congreso, pero sería bueno que los legisladores antes de tomar una decisión escuchen también las voces de los que defienden la laicidad del Estado y que ninguna religión tenga predominancia sobre otra, por ejemplo en el acceso a los medios de comunicación o que tampoco usen su influencia para conseguir votos en una elección política. Debe tenerse como contexto lo sucedido con la Luz del Mundo, que demostró cómo se usa el poder religioso para influir políticamente sobre representantes populares. La sugerencia a los legisladores es que se analice el modelo de laicidad del Estado mexicano, teniendo presente lo que han hecho otras naciones como Alemania o Francia. Es un asunto que ya no puede posponerse.

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