Niños en peligro

Editorial EL UNIVERSAL

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La organización internacional Save The Children acaba de hacer público un reporte en el que consigna que en poco más de lo que va del presente siglo y como nunca antes, los niños de todo el planeta se han visto expuestos a conflictos armados, recrudeciéndose especialmente esta situación en los últimos 5 años, en los que se considera que hasta un total de 420 millones de pequeños de todos los países han visto comprometida su seguridad en una u otra forma.

En dicho lapso, los fallecimientos registrados ascendieron a más de medio millón de menores de 5 años de edad, al ser los más vulnerables a situaciones de carencia de elementos básicos de subsistencia, una buena parte de ellos como consecuencia de su condición como refugiados o desplazados. La cifra de decesos de menores en el periodo 2013-2018 se traduce en un promedio de 100 mil muertes anuales de niños en el último lustro. Lo más preocupante es que si bien muchos de esas criaturas no fueron víctimas de un ataque directo, su muerte se debió a efectos colaterales de los conflictos armados, como la falta de agua, la desnutrición, las enfermedades y la carencia de servicios básicos de saneamiento e higiene, así como de acceso a atención médica.

Como era de suponer, las naciones más castigadas en este sentido son las africanas y las de Oriente Medio, pero México no escapa de esa realidad. Si bien es cierto que nuestro país no se encuentra en guerra ni enfrenta conflictos civiles internos, es un hecho que el flagelo de una delincuencia cada vez más agresiva y atrevida está cimbrando la tranquilidad y estabilidad de los hogares mexicanos, en donde los menores se convierten lamentablemente en muchas de esas víctimas colaterales de la violencia. Reprobable es también el uso que algunos cárteles del narcotráfico han hecho de menores, empleándolos como “halcones” o vigilantes encargados de reportar presencia de militares, policías o personas ajenas a una comunidad o movimientos inusuales dentro de la misma.

Asimismo, y en menos de una semana, llamaron la atención tres casos en nuestro país en los que se vieron involucrados infantes: el robo de la bebé Nancy a las afueras de un hospital de la Ciudad de México, la aparición del cadáver de la madre de Bruno, el menor que fue encontrado vagando solo en una avenida de las de mayor tráfico en el sur de la capital, y la atroz muerte marcadamente intencional de otro bebé en una masacre cometida en Minatitlán, Veracruz. Como nunca antes, hay que ver por la integridad física y emocional de nuestros niños, para tener una sociedad futura óptima y sana.

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