Dispendio en turismo

Editorial EL UNIVERSAL

Nuestro país tiene clara vocación turística, por lo que mantener una imagen global atractiva a inversionistas y paseantes es una obligación. Los ingresos que recibe México por los turistas que vienen a los distintos destinos son abundantes y se han incrementado con el paso del tiempo, además de que millones de personas se benefician de la actividad económica que genera esta industria.

Sin embargo, es preciso cuestionar en qué medida existe un vínculo entre la inversión en promoción turística que se realiza a lo largo del mundo y los ingresos que a partir de ello se generan. Cualquier política pública que se implemente en la materia requiere mediciones para evaluar si los recursos invertidos del erario se convirtieron en réditos para el país.

EL UNIVERSAL revela hoy que el Consejo de Promoción Turística (CPTM) gastó mil millones 500 mil pesos en espectáculos deportivos para promover la marca “México” entre 2012 y 2018. Así, el Mundial de futbol de Brasil 2014, el SuperBowl de 2015, las peleas del boxeador Manny Pacquiao y partidos de la NBA se convirtieron en foros en los que el anterior gobierno mexicano buscó impactar en las diferentes audiencias de eventos de alcance internacional.

¿De qué manera lo anterior contribuyó a detonar la actividad turística interna? ¿Qué ganaron los mexicanos con cada peso que se pagó a grandes empresas por la promoción de la marca país? Son preguntas que no tienen respuesta y que permanecerán pendientes.

Según sus responsabilidades, el CPTM es la institución encargada de la promoción turística de México dentro y fuera del país. No obstante, de acuerdo con el secretario de Turismo de la actual administración federal, Miguel Torruco, este organismo desaparecerá como parte del esfuerzo de austeridad para la Administración Pública que encabeza el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

El dinero erogado por la anterior administración en este rubro demuestra la necesidad de contar con mejores mecanismos de transparencia y rendición de cuentas. No se trata solo de la desaparición del CPTM, sino de que hace falta que los servidores públicos cuenten con criterios claros y definidos para ejercer el presupuesto de manera eficaz. Por último, es indispensable contar con herramientas de evaluación de políticas públicas para determinar su éxito o fracaso.

Debe entenderse que inversión y dispendio no son sinónimos en ningún caso, mucho menos cuando está en juego el patrimonio de los mexicanos. ¿En qué medida esta inversión se tradujo en mayores ingresos y beneficios para el país? No se sabe, y ahí está el problema.

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