Adaptación laboral

Editorial EL UNIVERSAL

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Desde hace ya un par de décadas o más se viene hablando de una nueva revolución industrial, sólo que si la del siglo XIX fue mecánica, esta vez es digital. La tecnología viene avasallando y simplemente ya no hay marcha atrás. Adaptarse o quedarse en el camino.

Los avances de la ciencia y la técnica han cambiado la vida en numerosos aspectos. Múltiples son los milagros para la vida cotidiana que el ingenio del ser humano ha hecho realidad para beneficio de millones de individuos a lo largo y ancho del planeta. Y la materia laboral no ha sido la excepción por la automatización de los procesos. Las máquinas y los programas de software han liberado a las personas de hacer tareas rudas o repetitivas. Sin embargo, el delegar en artefactos y computadoras las tareas que antes correspondían a trabajadores humanos, también está suprimiendo muchísimos empleos tradicionales que ahora ya no tienen sentido en un mundo cada más tecnificado. Si a principios del siglo XX había semáforos humanos (oficiales de tránsito en cruceros importantes de las ciudades que daban el paso a los vehículos alternando letreros con las frases “pare” o “siga”), su labor dejó de tener sentido con el advenimiento del sistema automático de cambio de luces colocadas sobre un poste, que hizo ya innecesaria su presencia. Y así son cientos los ejemplos de trabajos que se han perdido ante el embate de la marejada tecnológica. Hoy podemos hablar de un desempleo digital.

Esta situación está generando desafíos en el mundo y México no escapa a esa condición. Si de manera individual y, sobre todo, de manera colectiva no hay adaptación a los nuevos tiempos, el país entero pagará muy caro las consecuencias.

Por lo anterior, es necesario exigir que cualquier reforma educativa que intente emprenderse en el futuro, considere no sólo la evaluación de los profesores, sino también el análisis del entorno mundial ante los cambios que se vienen sucediendo cada vez con mayor rapidez y que demandan la creación de nuevas carreras técnicas y universitarias, así como el replanteamiento y modernización de las ya existentes.

También es una prioridad que las instituciones educativas de todos los niveles revisen y actualicen sus planes de estudio para adaptarlos a los nuevos tiempos y necesidades que surgen con el avance tecnológico. El sistema educativo mexicano en su conjunto requiere estrategias a largo plazo que definan la clase de formación escolar —sea técnica o humanística— que se dará a nuestros jóvenes en un momento en que se enfrentan a un mundo laboral cambiante.

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