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Es viernes y en la Plaza de Armas, el aroma a café recién hecho se cuela por los balcones. En Posada del Virrey hay mesas disponibles para desayunar gorditas al comal y una buena taza, de esa infusión que perfuma las calles. Frente al restaurante está la base de tranvías que hacen recorridos de una hora.

Estas calles históricas resguardan 200 monumentos protegidos por el INAH. Uno de ellos es el templo de San Luis Rey, el único en el mundo con 24 apóstoles: 12 labrados en mármol y el resto, en cantera.

Otro edificio curioso es el de la Secretaría de Cultura, “la casa de las galletas”. Su fachada simula la textura de las suavicremas.

Entramos al Museo Federico Silva, dedicado al artista mexicano, asistente de David Alfaro Siqueiros, y creador, junto con Mathías Goeritz y otros artistas, del Espacio Escultórico en Ciudad Universitaria. Hay más de 60 esculturas; las imperdibles: El chaneque piloto y Don Goyo.

Algunas veces la visita puede incluir un concierto tributo a Vivaldi o a los Beatles.

Ya con hambre, el Callejón de Lozada debe ser la siguiente parada, para probar el chile ventilla —seco y relleno con queso de cabra— del restaurante La Oruga y La Cebada. Hay más de 30 tipos de cerveza artesanal y los camareros dan una cátedra sobre la elaboración de cada una.

Algunos platillos se elaboran artesanalmente con flores del desierto potosino, como la ensalada de cabuches y palmitos. Si el paladar es más atrevido conviene probar los esquites con pulpo en su tinta y chile piquín.

El postre está en la Calle 5 de Mayo en una de las sucursales de los Chocolates Costanzo. Imperdibles: las nueces cubiertas de canela, las mentas y duraznos cubiertos de chocolate.

La zona peatonal más grande de México está en San Luis Potosí: la Calzada de Guadalupe. Sus tres kilómetros se extienden desde el Mercado Hidalgo y ven su fin en la Basílica de Guadalupe.

Encontramos tiendas de artesanías con rebozos de Santa María del Río, galerías de arte y el Centro de las Artes, cuya fachada es similar a la del Palacio de Lecumberri. La entrada es gratuita.

Para una cena elegante Cielo Tinto, está más que puesto. Su especialidad son las tapas y para ello posee una cava con más de 200 etiquetas.

Sábado mezcalero

San Luis Potosí pertenece a la zona de Denominación de Origen del mezcal y a menos de una hora de la capital se encuentra la hacienda Santa Teresa, donde se aprenden los procesos de elaboración del destilado.

Los maestros mezcaleros llevan a los visitantes entre los sembradíos del agave salmiana, del cual se extrae el mezcal y el pulque potosino. En el campo se instalan mesas para una cata. Al final, se obsequia una botella a los visitantes.

El tour concluye en el Centro Cultural las Salinas, a orillas de un lago que proveía de sal a las haciendas plateras de Zacatecas. En esta zona se filmó la película mexicana El Infierno.

De regreso a la capital, lo aprendido sobre mezcal se puede practicar en La Piquería, en la esquina de Independencia y Ocampo. Hay que llegar a la barra y pedir una veladora, ese vasito que tiene la cruz al fondo. La garganta comienza a calentarse con el “torito espina” hasta llegar al “chingadazo”, un trago añejado; todos los mezcales provienen de Laguna Seca. También hay cervezas y agua de miel.

Domingo de tacos rojos

La Presa San José, construida en cantera, se encuentra a 20 minutos de la ciudad. El viaje vale por su arquitectura y por los famosos tacos rojos. Son el desayuno típico de los locales. Los piden rellenos de queso y se bañan con salsa roja de chile guajillo, para después dejar caer sobre ellos una buena cantidad de zanahoria y papa.

A mediodía hay conciertos sinfónicos en el Teatro de La Paz. La función cuesta 100 pesos.

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