francisco.cuevas@clabsa.com.mx

Hay un hipopótamo afuera de mi tienda de campaña. Lo delata el sonido que escucho una y otra vez: “Ffffttt… fffttt… fffttt…”. Así suena cuando arranca hierbas para comer. Es apenas un ruido más que se suma al incesante barullo de lo que me parece son miles de grillos y cigarras. Y también leones. Estoy a 250 kilómetros de Nairobi, la capital de Kenia, en África. Y, aunque la distancia no es mucha, prácticamente no hay ningún camino o construcción entre esa ciudad y la reserva natural Maasai Mara, donde ahora me encuentro. Es como estar en medio de la nada. Y, por lo mismo, uno pensaría que las noches son totalmente silenciosas. Pero nunca había escuchado semejante sinfonía.

Cualquier noche ruidosa a la intemperie en México parece constar de apenas un cuarteto de chapulines. Aquí tengo a toda la orquesta. Y lo mismo sucede si miro al cielo: jamás imaginé ver tantas estrellas. Sin la polución lumínica, el cielo parece un cuadro de Jackson Pollock. Lo malo es que no puedo salir a disfrutar la bóveda estrellada. Aunque es herbívoro, el hipopótamo que está afuera de mi tienda podría partirme en dos de un solo mordisco. ¿Por qué? Porque estoy invadiendo su territorio. Así es la vida nocturna en la sabana.

La mejor aventura de tu vida

Hace un par de siglos, hablar de un “safari” necesariamente tenía que ver con la caza deportiva. Afortunadamente, esta práctica se refiere más bien a una “cacería” fotográfica: la idea es subirse a una Land Cruiser 4X4 (o similar) y, con la ayuda de un guía experto, recorrer vastas porciones de tierra dentro de reservas naturales protegidas en busca de especies animales para fotografiarlas en su hábitat natural. Sigue siendo una gran aventura (de hecho, eso es lo que significa la palabra “safari” en suajili, lengua hablada en Kenia y Tanzania); pero ahora es más ecológica.

Para vivir esta experiencia, los dos lugares más recomendables son la reserva natural del Serengueti, en Tanzania, y la de Maasai Mara, en Kenia. En mi caso, opté por la segunda. Así que todo comenzó en Nairobi, una ciudad en la que confluyen muchos mundos: el inglés y el suajili, el cristiano y el musulmán. Aunque lo más importante de tu viaje será el safari, no dejes de visitarla. Entre sus atractivos, están los siguientes:

The Carnivore. El restaurante es ideal para mamíferos hambrientos. Podrás pedir cocodrilo, avestruz y deliciosos —pero más tradicionales— cortes de carne (tamarind.co.ke/carnivore). Busca los lugares donde come la gente local y prueba las ugali, enormes masas de maíz parecidas a las tortillas que colocan sobre la mesa a manera de mantel-comestible. En su superficie, sirven guisados de res, pollo o pescado. Olvídate de tus buenos modales: esto se come sin cubiertos.

Parque Nacional de Nairobi. A siete kilómetros de la ciudad, esta reserva de poco más de 100 kilómetros cuadrados es la mejor opción para ir de safari si no tienes mucho tiempo o dinero: un tour privado puede costar 150 dólares por unas cuatro horas. Además, incluye otros sitios en la capital. (silverbird-adventure.com)

Centro David Sheldrick. Es un refugio para elefantes y rinocerontes huérfanos o heridos. En un horario muy reducido, aceptan visitantes durante las horas de comida y baño de elefantes bebé. (sheldrickwildlifetrust.org)

Museo de Karen Blixen. ¿Y quién es ella? Es la autora que, bajo el seudónimo de Isak Dinesen, escribió la novela en que se basó la película de África Mía (Out of Africa).

Aterrizaje en otro mundo

Tras una hora de camino desde el aeropuerto Wilson en Nairobi, la avioneta aterriza a las 10:00 am en la pista Ol Kiombo. Me bajo y miro alrededor. No hay nada que detenga la mirada: es una pista sin aeropuerto, tan solo una extensión de tierra aplanada. Antes de subirme a la camioneta que nos llevará al campamento, pienso: “aquí no hay nada” y, un segundo después, reparo en mi error. Una mirada rápida, descuidada, hace que uno saque semejante conclusión. Sin embargo, con más atención, cobra vida ese paisaje que parecía pintado. Eso que un segundo atrás simulaba silencio, se convierte en otra cosa: infinidad de sonidos lejanos. Y esa imagen quieta, poco a poco se transforma: hay pequeñas piezas en movimiento. A lo lejos, veo tres avestruces; y, más allá, un grupo de buitres encaramados sobre lo que debe ser un animal muerto. Arrancamos y aparece el primer mamífero: una hiena camina hacia donde revolotean las aves de rapiña. La primera imagen de la sabana puede ser engañosa.

Dada la ausencia de caminos, llegar aquí por auto podría tomar unas ocho horas desde Nairobi. Es por eso que conviene llegar a Maasai Mara por avioneta. Y, por lo mismo, también es indispensable reservar el alojamiento con tiempo, ya sea desde México o desde la capital keniana. No debes esperar hoteles grandes, pero sí un excelente servicio. Los campamentos que operan en la zona ofrecen paquetes que incluyen hospedaje, comidas (cocina inglesa, principalmente) y una excursión al día con guías experimentados. Aunque los precios varían, lo ideal es que revises los comentarios de otros viajeros en sitios online.

En mi caso, recomiendo Rekero Camp (rekero.com), un campamento con ocho tiendas muy acogedoras en las que pueden acomodar hasta una cama matrimonial y una sencilla. Cada una cuenta con WC y ducha rústica con agua caliente. Sus guías son maasai y son increíblemente bien preparados y serviciales. Todos hablan inglés.

En manos de los masaai

El recorrido comienza con la salida del sol. Nuestro conductor es John, un guía experto de la tribu maasai que siempre ha vivido en los alrededores del Mara, río que nace en Kenia y fluye por Tanzania hasta desembocar en el gran Lago Victoria. Nuestro objetivo es recorrer esta reserva de mil 500 kilómetros cuadrados en busca de encuentros afortunados con los oriundos del lugar: leones, chitas, leopardos, hienas, búfalos africanos, rinocerontes, elefantes, hipopótamos, jirafas, cebras, antílopes, ñus, gacelas de Thomson, impalas, avestruces y un larguísimo etcétera que incluye numerosas aves, reptiles y especies vegetales. (Por si te lo preguntabas: aquí son muy raras las serpientes venenosas; pero hay otros peligros...) Es inimaginable la cantidad de formas de vida que hallarás.

Si viajas durante la temporada de la gran migración (de julio a octubre), el espectáculo será mayúsculo, ya que millones de ñus y cebras vienen del Serengueti a esta reserva en busca de pastos más frescos. Y eso, a su vez, implica la temporada de caza para los principales depredadores del vecindario (leones, chitas y leopardos) que harán todo lo posible por asegurar su buena alimentación. Así que no hay mejor lugar en el mundo para experimentar al máximo el drama de la sobrevivencia que aquí, donde cada día se pone en juego aquella frase de que “el más fuerte (veloz o ingenioso) sobrevive”.

Redefine el turismo

De entrada, es un viaje sin igual. Lo importante aquí no es la arquitectura ni el lujo. Se trata de ponerte en contacto con la naturaleza de la manera más extrema posible. Y es que, aunque nos encanta sentirnos hasta arriba de la cadena alimenticia en nuestra sociedad, aquí uno tiene que centrarse: el animal más indefenso en este lugar es el ser humano. Aun así, no hay nada que temer si planeas tu experiencia con guías expertos. Al final, agradecerás haber sido testigo de la más grande sinfonía de la naturaleza... mientras un hipopótamo arrancaba hierbas afuera de tu tienda de campaña.

PREPARATIVOS

Seguridad

Según la Embajada de México en Kenia, “se recomienda abstenerse de viajar al norte de Kenia, mantenerse al menos 150 km lejos de la frontera con Somalia, y no viajar a Lamu” (al norte de Mombasa). No te preocupes: los lugares recomendados aquí están lejos de los sitios peligrosos.

Visa

Acude a la embajada inglesa en México. Es un proceso muy rápido. Sin embargo, investiga con antelación cuáles son los tiempos y requisitos de la Embajada.

Vacunas

Hay ciertas enfermedades endémicas que no existen en México. Por tanto, debes protegerte. Aunque la Embajada mexicana en ese país señala que solo es obligatorio el certificado de vacunación contra fiebre amarilla (que debe aplicarse al menos 10 días antes de ingresar a ese país), es recomendable que preguntes a tu médico sobre la necesidad de aplicarte las siguientes: hepatitis A, hepatitis B y cólera. También debes iniciar un tratamiento profiláctico para la malaria.

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