En homenaje, llevan dibujos de párvulos a la Arena Condá

Las infantiles ofrendas plasman los sentimientos de la sensible tragedia
Un grupo de indígenas de la etnia káingang, en la aldea Condá, portan camisetas del Chapecoense. (FOTO: FERNANDO BIZERRA JR. EFE)
03/12/2016
00:45
DPA
Chapecó
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Idione y Jéssica son profesoras de la Escuela Agropecuaria y llegan al estadio de Chapecó: abren sus carteras y sacan dos cartulinas, con ocho dibujos cada una, que pegan en una pared y que se unen así a los cientos de homenajes que pueblan, desde el martes, el Arena Condá.

“Intentamos dar clases como siempre, pero estos días ya no se puede, los chicos sólo hablan de lo que pasó en Medellín”, dice una de ellas.

En uno de los dibujos se ve a Dios, entre nubes, dándoles la bienvenida a los jugadores del Chapecoense que murieron el lunes por la noche tras la caída del avión que los trasladaba a Colombia, donde debían jugar la final de la Copa Sudamericana. En otro, se lee: “Era para ganar una estrella en el pecho, pero ahora ganamos 71 en el cielo”.

Los chicos que dibujaron tienen 14 años y viven en las afueras de Chapecó. “Por eso, como están lejos, nos pidieron que trajéramos sus obras al estadio”, comentan las maestras. “La mayoría ya conocía personalmente a los jugadores: hace un mes habían visitado el barrio para hacer actividades solidarias”.

Fernanda, Andrea, Camille y Natália, de la Escuela del Buen Pastor, tuvieron una idea parecida. Conmocionadas por el accidente, estudiantes de último año de primaria, pasaron por todas las aulas de su colegio pidiendo a los alumnos que eternicen en un papel sus sentimientos sobre la tragedia.

En la tarde de Chapecó, con el resultado de más de cien hojas en sus manos, se acercaron también al estadio, para dejar constancia de que la solidaridad de la ciudad comienza ya desde el jardín de infantes. “Cuando entrábamos por las aulas con la bandera del Chapecoense —relata una de las jóvenes—, antes de que dijéramos nada, varios chiquitos ya se ponían a llorar”.

Todo es emoción en el estadio del Chapecoense, lágrimas, tristeza. El 23 de noviembre, hace diez días y un mundo, la gente se abrazaba en las tribunas para festejar la atajada de Danilo al argentino Marcos Angeleri, en el último minuto del partido ante San Lorenzo, y el histórico acceso del equipo local a la final de la Copa Sudamericana.

Hoy, los abrazos son para recordar, justamente, a Danilo y a los otros jugadores que ya no están.

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