Querétaro.— En realidad, la chivita vestida con la camiseta del Guadalajara, se llama Chinita, pero desde que el Guadalajara comenzó su racha ganadora, don Romualdo le cambia el nombre para estos juegos que resultan especiales… Ahora la llama “Matías”.

“Le iba a poner ‘Chofis’, pero creo que el que ha levantado a mis Chivas es Almeyda”, dice el ganadero, quien manejó su troca durante casi cuatro horas para llegar a La Corregidora, sede de la gran final de la Copa. “Vine desde Tlaquepaque para ver a Chivas coronarse”.

Como la gran mayoría de los tapatíos, don Romualdo y “Matías” o Chinita, llegó a la sede sin el ansiado boleto. “Fui a la farmacia donde los compro allá en Guadalajara y dijeron que no, que los tenían bloqueados por la Federación, qué jijos…, se queja.

Ahora gastará hasta “mil pesos, no más”, en conseguir una entrada y espera que no tenga que pagar la de “Matías”, “los queretanos son bien tranzas, venden los boletos como si fuera la Copa del Mundo. Aquí traigo mil pesos, no pago más, y eso sí, la Chinita… digo “Matías”, tiene que entrar”. Los primeros intentos son infructuosos, no bajan de mil 500 pesos, “y son los de hasta arriba”, en el segundo, la cosa se pone mucho más tensa, hay quien se los ofrece a 2 mil pesos, pero no le asegura que su mascota pueda entrar.

La noche se hace presente y don Romualdo, que sigue al Guadalajara desde las épocas de Chava Reyes, pasando por el “Cuate” Calderón, Fernando Quirarte, Oswaldo Sánchez, Omar Bravo, hasta llegar a Javier López, se desanima.

“Se me hace que mejor me voy a un bar y me tomo unos tragos y me sale más barato y la China puede estar conmigo”.

Mas la esperanza sabe a dónde recargarse, una señora con un niño en brazos se le acerca y le susurra…. “se lo doy a 600”, es de en medio”, lo que hace que los ojos del aficionado brillen y que rápidamente suelte el billete.

Lo último que se supo de don Romualdo es que se gastó los 400 pesos que le sobraron en tres cervezas y unas papas, y que la Chinita, o “Matías”, como se le quiera nombrar, se quedó encerrada en la troca que la trajo.

Como venganza, la chivita se comió los asientos de cuero de la camioneta.

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