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Guadalajara.— Dirija quien lo dirija, lo compre quien lo compre, el “karma” del Atlas no cambia, pues sigue siendo un equipo gitano, que así como ilusiona, también decepciona a su afición.
La derrota ante Toluca sólo refuerza la tesis.
El equipo de Gustavo Matosas tuvo una de sus peores actuaciones del torneo, obviando que la goleada que recibieron de los Pumas los hizo tocar fondo. El cuadro Rojinegro esta vez ni siquiera generó peligro, ni siquiera provocó que el portero visitante, Alfredo Talavera, fuera la figura, ni siquiera provocó la duda de una mala actuación arbitral. El Atlas que cayó ante los Diablos Rojos, hasta careció de su apodo de muchos años; no tuvo furia.
Toluca fue práctico y efectivo. José Cardozo ha aprendido que en el futbol mexicano no puedes mostrar la misma cara por dos partidos consecutivos, que tienes que modificar parados y actitud de una semana a otra para superar al rival, y así lo hizo en su visita al estadio Jalisco.
De inicio, el Toluca mordió en campo rival y provocó que Atlas se replegara. Después de aproximarse lo suficiente, se tuvo la recompensa del gol, con un remate de cabeza del capitán Paulo Da Silva, quien aprovechó una pésima salida en el área chica de Miguel Pinto, portero de los Zorros.
La sangre le hirvió al conjunto local, pero sólo por algunos minutos. El punto de ebullición lo aprovechó para que también mediante un tiro de esquina, Juan Carlos Valenzuela no perdonara al encontrarse una pelota suelta en el área choricera.
El juego quedó tablas. El Diablo, que sabe mucho por viejo y más por Diablo, comenzó a jugar a veces al gato, a veces al ratón. Le cedió la iniciativa a un aletargado Atlas, que no aprovechó el regalo, y cuando tuvo la oportunidad, por medio de Carlos Esquivel, uno de sus mejores jugadores durante lo que va de torneo, lanzaba latigazos con la intención de hacer daño.
Así nació el gol de la victoria roja. Carlos Esquivel salió como alma que lleva el diablo hasta media cancha y vio como por la derecha el lateral Óscar Rojas volaba en busca del área rival. Esquivel mandó el pelotazo en largo y Rojas, con la marca encima de Loboa, hizo una recepción de mago, para después, en el área, recortar a su marcador y con potente disparo esquinado dejar sin oportunidad al chileno Pinto.
Matosas metió su resto en busca de conseguir el ansiado empate, pero los Choriceros rechazaron todo lo que les osaban mandar los tapatíos, faltos de idea, faltos de oportunidades y faltos de gol.
Talavera nunca tuvo que emplearse a fondo para alzarse como héroe de su equipo, que tenía como principal arma el orden y la experiencia de la temporada pasada, en la cual, durante los últimos minutos, siempre sufrían de más y muchas veces perdían la ventaja que parecía consumada.
La jugada más clara que generó el Atlas fue un tiro de esquina en la agonía del juego, que no llegó a más.
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