Ser hija de un reconocido actor de Hollywood y una top model de los años 90 es una especie de “don” que le es entregado sólo a unas cuantas. Lily-Rose Depp (París, 1999) es una de ellas. Primogénita de la estrella de la saga Piratas del Caribe, Johnny Depp, y de la guapa cantante Vanessa Paradis, esta chica de 16 años trae el talento y la fama en las venas.

Mientras las adolescentes de su edad tienen como actividad acompañar a sus madres a hacer las compras al súper, Lily se sienta junto a Vanessa en la primera fila de los desfiles de Chanel, firma de la que su mamá es embajadora desde hace dos décadas, y que ahora ha convertido a esta chica en su nueva musa, como lo atestigua la campaña de Eyewear de este año, en la que despliega la madera de modelo heredada.

La francesa, además, recibe muchos y costosos regalos por parte del “tío Karl” –como suelen llamar al “káiser” sus protegidos más jóvenes–, los cuales no duda en presumir mediante su cuenta de Instagram, en la cual acumula la nada despreciable cantidad de un millón de seguidores, dando prueba de su popularidad e influencia entre las nuevas generaciones.

¡Los reflectores la aman!

La fama y la belleza viene acompañada, en la mayoría de las ocasiones, por la polémica, y el caso de Lily-Rose no podría ser la excepción. En fechas recientes, la rubia más asediada de Francia ha causado gran revuelo debido a sus publicaciones en las redes sociales y a las decisiones que toma.

Tan sólo unas horas después de los atentados terroristas en París, compartió una imagen en Instagram acompañada de un mensaje que decía: “Ésta fue la última foto que me tomé esta noche antes de ir a una fiesta en la que mis amigos aún siguen encerrados esperando a que todo pase. Jamás había visto tanto pánico en las calles como en mi regreso a casa […]”. El mensaje, sin duda, no fue lo que desató el enojo de sus seguidores, sino la imagen en sí: una selfie en la que aparecía mostrando la lengua. Su siguiente publicación en este espacio virtual fue una fotografía de la Torre Eiffel alumbrada, en cuyo pie explicó que lo destacable del asunto eran los ataques, no el retrato que había compartido.

Meses atrás, Lily se convirtió en presa de los tabloides al decidirse sumar a la iniciativa Self Evident Project, la cual defiende una identidad de género abierta y busca acabar con las etiquetas de 100 por ciento heterosexual u homosexual. “Para los miles de seguidores que tiene en las redes sociales fue una sorpresa, pero no para mí. Yo lo sabía porque me cuenta todo; estamos muy unidos”, declaró su padre, Johnny Depp, al respecto de la decisión sexual de su hija.

El actor, justamente, ha declarado sentirse preocupado por el acelerado crecimiento de su hija, quien en lo que va del año ha pasado de ser una chica “normal” –no puede llamársele así a alguien que creció en lujosas mansiones y rodeada de celebridades– a una influencer mediática y, ahora, modelo de prestigiadas firmas. Lily-Rose Depp tiene, sin duda, absolutamente todo para triunfar: suerte, una belleza angelical heredada de la hermosa Vanessa Paradis, una prometedora madera histriónica –ha hecho ya su incursión en la pantalla grande– y una nutrida base de seguidores en constante ascenso que están al pendiente de cada paso que da. No cabe duda: hija de tigres, ¡pintita!

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