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La humedad y la temperatura inadecuada de las celdas del Palacio de Lecumberri pusieron en riesgo uno de los archivos más importantes sobre la Revolución Mexicana. Durante más de 30 años, los expedientes y fotografías que intelectuales como Salvador Azuela o revolucionarios como el general Francisco L. Urquizo adquirieron y recuperaron para conformar el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM) —creado en 1953 para difundir e investigar el movimiento armado—, permanecieron en la galería 7 del Palacio de Lecumberri, en condiciones que degradaron su estado de conservación.

“Tenían problemas de humedad, algunos tenían hasta hongos”, dice en entrevista Patricia Galeana, directora del INEHRM, ahora denominado Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Por ello, desde hace dos años, el Instituto, junto con el Archivo General de la Nación emprendieron el rescate de este acervo conformado por 51 cajas que contienen 3 mil 111 expedientes, más de 3 mil fotografías, unos 376 billetes, además de libros. Entre otros materiales están el archivo de Guadalupe Narváez de Vilches, revolucionaria poblana que participó en el movimiento antirreleccionista de Aquiles Serdán, en 1910; la correspondencia personal de Rosendo Pineda, quien fuera el secretario particular de Porfirio Díaz de 1888 a 1910. Otras joyas son la serie “Impresos”, que incluye volantes, manifiestos, corridos y planes políticos de la Revolución Mexicana; una colección de billetes emitidos durante el conflicto, así como la “Colección Osuna”, que está integrada por 415 fotografías tomadas por Sabino Osuna, quien registró varios momentos de la lucha, principalmente la Decena Trágica, en febrero de 1913.

Su recuperación en el antiguo taller del AGN implicó trabajos de limpieza, retiro de elementos ajenos a los materiales, estabilización, cambio de guardas y, en los casos en que había pérdida de información, una restauración más minuciosa. “Se restauró 80% del acervo y ahora ya lo vamos a digitalizar para que pueda ser consultado a través de Internet”, comenta Galeana, quien añade que la mayor parte de estos materiales no han sido consultados por las condiciones en que se encontraban.

“No ha sido casi investigado porque cuando los documentos están dañados no se pueden prestar para la consulta, se acabarían perdiendo. Por eso es muy importante que se hayan restaurando”, añade la historiadora.

Ahora, dice, estos materiales le darán a los historiadores nuevos elementos para conocer “de manera integral la Revolución Mexicana y sus diversas etapas”, desde la porfirista y los movimientos magonistas y antirreleccionistas hasta la época posrevolucionaria. La colección también resguarda documentos, principalmente el trabajo intelectual, del escritor y político Salvador Azuela, hijo del autor de Los de Abajo, y fundador del INEHRM.

En 1953, Azuela fue convocado por el presidente Adolfo Ruiz Cortines para que se hiciera cargo de la recuperación de archivos y documentos de la Revolución Mexicana con el fin de crear un instituto dedicado al estudio sobre el tema. Para conformar esta memoria documental y gráfica de la Revolución, cuenta Galeana, el también escritor e impulsor de la Cátedra de Historia de la Revolución Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM “invitó a distinguidos revolucionarios que todavía vivían, como Luis Cabrera, Antonio Díaz Soto y Gama, el general Urquizo, quienes se dieron a la tarea de rescatar todos los documentos y materiales posibles”.

Patricia Galeana relata que fue hasta hace dos años cuando se dio la oportunidad de rescatar este archivo, cuyos deterioros ya había notado cuando fue directora del AGN, de 1994 a 1999, pero que entonces no se pudieron tratar debido a que, dice, había otros archivos que requerían ser atendidos con mayor urgencia: “El AGN es el archivo más grande que existe en el continente americano y entonces tratamos de salvar todo lo que se pudo, se ordenaron muchos acervos, entre ellos, lo que se refieren a la Reforma, a la Intervención Francesa y al Segundo Imperio”.

Desde entonces, comenta, se insistió en la necesidad de albergar el archivo en un edificio con mejores condiciones, ya que las celdas y muros de la antigua Penitenciaría no ayudan a la conservación de un acervo de esa magnitud. “Es una pena que el archivo se pusiera en un edificio que no tenía las condiciones adecuadas, hubiera sido mejor construirlo desde el principio en una bóveda especial con la temperatura y humedad adecuada, así no se hubieran dañado tanto todos estos materiales. Ahora nos da gusto que el AGN tenga espacios adecuados”.

Añade que en gran parte fue gracias a los nuevos laboratorios del AGN que se aceleró el proceso de rescate del archivo de la Revolución. Hoy, añade, ese acervo está a salvo en el nuevo edificio del AGN, donde será digitalizado.

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