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ana.pinon@eluniversal.com.mx
En su debuten el Palacio de Bellas Artes, la Orquesta Sinfónica de Perú vino a México a demostrar que la música se construye en el espacio y en el tiempo, que se precisa de técnica, pero sobre todo que la música se crea desde la pasión, desde la entrega, desde el profundo deseo de comunicar lo mismo la historia de una nación que pintar en la mente de los escuchas el paisaje del mundo.
La primera parte del concierto, ofrecido la noche del jueves fue un panorama de lo que ha sido la música peruana a lo largo de tres siglos. Bajo la batuta de su director artístico, Fernando Valcárcel, la Sinfónica interpretó piezas como Rapsodia peruana, de Claudio Rebagliati; Nocturno, de Roberto Carpio, y ¡Fiesta! de Jimmy López.
La segunda parte del concierto resultó un descubrimiento de la música popular peruana, que logró trasladar al Palacio de Bellas Artes de los cañones, montañas y cordilleras, a su diversidad cultural. La ovación fue prolongada.
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