“La literatura nunca ha sido ajena a la cocina”

'A la mesa' con 'Rubén Darío' es un libro donde Sergio Ramírez recopila 50 recetas que fueron comentadas por el poeta

Ramírez es autor de Margarita está linda la mar y Sombras nada más. (FOTO: JUAN CARLOS REYES GARCÍA. EL UNIVERSAL)
Cultura 02/11/2016 00:23 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 00:23
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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez dedicó varios años a escribir un ensayo delicioso: A la mesa con Rubén Darío, un libro que hace una reflexión sobre la confluencia de la literatura y la comida en la personalidad del poeta Darío; pero al mismo tiempo, es un volumen que le permite al narrador mostrar que la historia de los pueblos es también la historia de sus cocinas.

“A través de la cocina se puede conocer la vida de los individuos y de una nación. No hay duda de que nosotros somos lo que comemos, nuestra historia viene de lo que comemos, de nuestra propia geografía. Yo cuando me siento a escribir en un restaurante y a comer escamoles, pienso: ‘¿De dónde viene la afición por esta delicia que son los huevos de hormiga que hoy casi valen lo mismo que el caviar?’, pues viene de la pobreza, de la miseria, de la aridez, de alguien que se ve obligado a comer huevos de hormiga o a comer chapulines porque no hay nada más que comer”, señala Ramírez.

El escritor, que en 2014 fue el ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria, asegura que la cocina es también la historia de los pueblos, de sus necesidades, de las sequías o de la abundancia, de lo que la tierra produce.

“La cocina francesa no es más que la suma de las cocinas rurales, de los pequeños pueblos de Francia que se convierten en grandes platos, de las sopas de los marineros que comen durante la travesía en la pesca en los barcos, la sopa de los campesinos; en fin esto es la comida”, afirma en entrevista al hablar del libro publicado por Trilce.

El libro A la mesa con Rubén Darío, que incluye más de 50 recetas que Darío comentó en algunas de sus crónicas y de sus libros, está construido a partir de documentación periodística y de literatura. Está lleno de hallazgos, por ejemplo, de la relación con la cocina en el Quijote, y aunque todo esto pertenece al mundo de la literatura esa presencia de la cocina y la comida salió de las cosas del mundo real.

“Para mí escribir este libro ha sido un repaso por la cocina ligada a Rubén Darío, a mi propia vida, a la vida nicaragüense, a la vida latinoamericana y a la forma en que la cocina participa en la cultura y yo diría que he disfrutado de un verdadero banquete investigándolo, yendo a las fuentes, cada vez que Darío menciona una receta buscándola, dónde está, yendo a encontrarme con otros escritores que se ocuparon de la cocina como Alejandro Dumas, me repase y leí su Gran diccionario de la cocina francesa que era una gran delicia entrar en él”, afirma Ramírez.

El autor de Margarita, está linda la mar y Sombras nada más asegura que fue una sorpresa para él encontrarse con el prólogo que Joseph Conrad escribió para el libro de cocina de su mujer. “Nadie podía imaginarse que Joseph Conrad se ocupaba también de la cocina; o la relación de Oscar Wilde con la cocina también, o don Alfonso Reyes que se ocupaba de tantas cosas en la literatura y en la vida y que tenía a la cocina como un asunto imprescindible”.

Dice Sergio Ramírez que muchas de las bellas páginas escritas por Darío están relacionadas con la cocina. “Fue darse cuenta de que la literatura nunca ha sido ajena a la cocina. Quizás tenemos una idea falsa de que la cocina es algo que no debe verse, que los platos sucios o las ollas hirviendo son algo que debe estar oculto tras una puerta en la que no se debe entrar”.

Sin embargo, su repaso literario y por la cocina que tanto agradó a Rubén Darío, llevó a Sergio Ramírez a confirmar que la cocina es parte de la vida no sólo de la escritura, que un escritor como Rubén Darío que dice en el prólogo de Cantos de vida y esperanza: “Yo
me ocupo de la política porque es universal”, se puede aplicar esa sentencia a la cocina: “me ocupo de la cocina porque es universal”.

“A Darío ahora lo recordamos como poeta sobre todo, obviamente, pero también fue un gran cronista periodístico, que escribió más de 700 crónicas sólo para el diario La Nación, y sus crónicas eran también un ejemplo de virtud literaria, y en muchas de estas crónicas es donde yo he encontrado sus referencias fundamentales a la cocina, sus incursiones en la cocina caribeña, latinoamericana, francesa, española, son asuntos que lo acompañaron siempre a lo largo de su vida y de sus recuerdos”, señala.

Ramírez asegura que Rubén Darío siempre va tejiendo sus recuerdos de niño y de joven a través de la cocina y hablando de la cocina como algo que pertenece a su propia sensualidad. “Esto es muy importante, la sensualidad de Rubén Darío por todas las cosas que merecen este título en la vida, la comida, el sexo, la idea que él tenía de la persona que sin tener grandes recursos le gura vivir bien, vestirse bien, comer en los buenos restaurantes, aunque después se quedara sin dinero”.

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