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A María Luisa Tavernier le fascina la pasión, alegría y gozo con la que Ernesto de la Peña asumió la vida, con esa misma pasión profundizó en la vida y obra del renacentista François Rabelais, un autor al que leyó desde la infancia y al que dedicó su último libro, el ensayo literario Carpe risum. Inmediaciones de Rabelais, publicado de manera póstuma.

El poeta, ensayista y narrador Ernesto de la Peña (1927-2012) dedicó buena parte de su vida a leer y reflexionar la obra de Rabelais, humanista al que lo unía la empatía, diversión, destreza intelectual, humanismo e ironía festiva.

María Luisa Tavernier, esposa durante 29 años del escritor mexicano, dice que este libro póstumo editado por el Fondo de Cultura Económica en su colección Letras Mexicanas es un ensayo fascinante.

“Hay una frase de Ernesto que me gusta mucho porque muestra la profundidad con la que se adentró a Rabelais: ‘Sentí la temperatura emocional de Rabelais’ y luego agrega: ‘hay una fascinante relación entre el vino y la festividad en Rabelais’. Eso significaba Rabelais para Ernesto”, diceTavernier.

La maestra de Lengua y Literatura, estudiosa de la cultura y del vino y creadora de las cápsulas de Vinofilia en Opus 94, asegura que Carpe risum tiene mucho del perfil humanista, creativo y fantasmagórico de Ernesto.

“Rabelais tiene todo el perfil de finales del siglo XV y principios del siglo XVI, del humanista cabal, conocedor de las humanidades clásicas, grecolatinas, pero también de las humanidades bíblicas, esos son los tres ejes torales en los que se apoya Rabelais para escribir una obra genial como Gargantúa y Pantagruel., Ernesto tiene ese mismo perfil, obviamente él no era médico ni tampoco monje como fue Rabeleis, pero si fue un gran gozador de la vida”, afirma Tavernier.

La promotora de la obra literaria de Ernesto de la Peña, quien obtuvo dos de los más importantes premios literarios, el Xavier Villaurrutia y el Alfonso Reyes, asegura que Ernesto supo sacarle jugo a la vida de una manera extraordinaria y por eso se identificaba tanto con Rabelais.

“Ernesto penetra muy inteligentemente en el mundo de Rabelais, es absolutamente impactante cómo va desmenuzando, por ejemplo, el concepto del gigantismo, Gargantúa y Pantagruel son gigantes, pero Ernesto se va a una cita en la Biblia, en San Mateo, para hablar de cómo hay una influencia en Rabelais de la tónica del gigantismo. Eso me encanta”, dice.

Pero agrega que De la Peña va más allá: “Después Ernesto se va a los orígenes helénicos con Polifemo, donde Ernesto contrasta las dos cosas, cómo Polifemo es vencido por la inteligencia de Ulises y cómo lo vende. Incluso habla del gigantismo al que apela Cervantes en el Quijote”.

Tavernier celebra el dominio del español de Ernesto que califica de “fantástico” y que al igual que Rabelais podía hablarlo en todos los niveles. “Estaba el español cultural, pero también manejaba muy bien la lengua de la plaza pública. Era religioso y absolutamente mal hablado, Rabelais también tiene las tres formas de usar el francés”.

Además de esta obra póstuma, en librerías circula también la antología Ernesto para intrusos, editada por María Luisa Taverneir y publicada por Alfaguara, una selección de textos de De la Peña. “Para leer a Ernesto hay que esforzarse, no sacrificarse. Creo que la obra escrita de Ernesto es una aventura maravillosa para los jóvenes y hay jóvenes que se están interesando en la obra de Ernesto”, concluye Tavernier.

Carpe risum. Inmediaciones de Rabelais se presentará mañana a las 12 horas, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

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