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El cuadro de Picasso, La coiffeuse (El tocador), robado al Centro Pompidou a finales del siglo XX y hallado en Nueva York en diciembre de 2014, vuelve a colgar desde este jueves en los muros del museo donde se perdió su pista entre los años 1998 y 2000.
Esa pequeña obra maestra cubista de 33x46 centímetros, que el artista malagueño pintó en 1911 con tonos austeros, se reencuentra con el público completamente restaurada por la jefa del servicio del Museo Nacional de Arte Moderno, con sede en el Centro Pompidou, Véronique Sorano-Stedman.
Su retorno a Francia fue celebrado el pasado 24 de septiembre en un acto que reunió al presidente del Centro Pompidou, Serge Lasvignes; al titular francés de Finanzas, Michel Sapin; a la entonces ministra de Cultura, Fleur Pellerin, y a la embajadora de Estados Unidos, entre otras personalidades.
En el Centro Pompidou confirmaron que sigue sin conocerse el paradero de esta obra, valorada en 15 millones de dólares, desde que en enero de 2001 el museo denunció su robo.
Sus responsables acababan de percatarse de la ausencia del cuadro, en diciembre de 2000, cuando fueron a buscarlo a sus almacenes para prestarlo a otra institución.
En 1998 El tocador había sido trasladado allí tras ser expuesto en la Kunsthalle de Múnich (Alemania).
Cuando la obra entró en los fondos del museo, en 1967, ya había sido restaurada, aunque sin excesivos cuidados, con cola de harina, como se hacía antes, lo que había causado con los años un encogimiento de la tela de algunos milímetros y varios desgarros, entre otros daños, comentó Sorano-Stedman.
Creada durante el primer período cubista, conocido como analítico, en el que Picasso descomponía los volúmenes y borraba la frontera entre espacio y objeto, La coiffeuse fue donada por el director de museos Georges Salles, quien la había comprado en 1953 al marchante francés Ambroise Vollard, su propietario desde 1942.
Durante los años en que estuvo desaparecida no le ocurrió nada grave ni sufrió daños profundos, pero tampoco fue conservada en las mejores condiciones climáticas, por lo que "se acentuó el envejecimiento" de la restauración, agregó Sorano-Stedman, que dedicó más de cinco meses para devolverle su máxima plenitud.
La restauradora tuvo a su disposición las más avanzadas técnicas y se apoyó en los archivos conservados antes y después de los préstamos, así como en una foto de conjunto de 1982, en ausencia de datos del procedimiento seguido a mediados del siglo XX, que terminó produciendo una irregular repartición de la cola y grumos.
kal
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