El arte en el siglo XXI se funde con la tecnología y la ciencia para superar los límites de la innovación y mejorar la vida de las personas, tanto con fines sociales como con una aspiración en ocasiones futurista y así lo muestra el V Festival Bozar de cultura digital y electrónica de Bruselas (BEAF)

Un certamen que reivindica un mayor vínculo entre el mundo del arte y la tecnología, hasta un extremo en el que sus fronteras llegan a difuminarse.

"Yo en todo mi trabajo utilizo nuevas y antiguas tecnologías como herramientas para crear mis instalaciones, ya sean piezas audiovisuales, esculturas u otro tipo de obras", afirma uno de los nombres más destacados del festival, Félix Luque, español criado en Bruselas.

El resultado es Bois Mort (bosque muerto), una compleja escultura de cables y tubos de luz que genera luz y sonido de manera completamente aleatoria inspirado en los bosques asturianos, que llevó a cabo con su colega parisino Damien Gernay.

"Escaneamos en 3D un bosque y a partir de las imágenes que obtuvimos quería hacer una obra alrededor de las arquitecturas que crean las ramas cuando caen, que forman montones cayendo unas sobre otras", explica.

Entre las diferentes obras que se exponen a partir de hoy en el centro de arte bruselense muchos de sus autores han utilizado la tecnología como un puente para canalizar su compromiso social y llevar a cabo creaciones digitales que puedan mejorar la vida de la gente.

Así, las exposiciones acogen, por ejemplo, proyectos que pretenden enseñar los idiomas locales a los refugiados que llegan a Europa o que ayudan a las personas con prótesis a mantener una postura que no perjudique a su salud.

De esta manera, la tecnología contribuye a vincular las preocupaciones artísticas a las preocupaciones sociales.

Es el caso también de Dries Depoorter, oriundo de Gante (Bélgica), quien trabaja en torno a la privacidad y a la vigilancia, y señala que pretende crear conciencia sobre la facilidad de acceso a la información personal a raíz de las nuevas tecnologías.

Depoorter habla sobre su proyecto Tinder In, en el que compara fotos de perfil de diferentes personas en la red social LikedIn y en la aplicación de citas Tinder para demostrar que "no hace falta ser un hacker para acceder a mucha información personal, cualquier puede hacerlo".

Otra de las grandes atracciones del festival es The White Circle (el círculo blanco), construido por artistas procedentes del legendario sello alemán de música electrónica Raster-Noton, que consiste en una estructura circular que busca interrelacionar el espacio, la música y los estímulos visuales.

"Para el artista es un desafío decidir qué hacer con 96 tubos de neón puestos en círculo y un sistema de sonido que lo rodea", explica uno de los creadores, el Frank Bretschneider, quien destaca la relevancia de este vínculo entre arte y tecnología en su país natal, Alemania.

En el caso español, señala Luque, aunque la escena digital y electrónica es asimismo potente, el compromiso de las administraciones brilla por su ausencia, al contrario que en otros países como Bélgica, parada obligatoria de los amantes de este género musical.

Luque explica que en este país centroeuropeo existen becas específicas para creadores que trabajan con nuevos medios y las instituciones locales, regionales y federales apoyan iniciativas de esta índole.

"En España hay instituciones que programan arte con nuevos medios, hay comisarios de exposición, hay muchos artistas que trabajan con estas nuevas tecnologías, pero creo que lo que falta es apoyo institucional y que se dé importancia a la cultura en general y específicamente al arte con nuevas tecnologías", concluye.

jpe

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