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Los alimentos genéticamente modificados son sanos para humanos y el ambiente, afirmó un importante organismo científico estadounidense en un reporte publicado el martes.
La Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina concluyó que alterar la genética de lo que comemos no crea "comida Frankenstein", como afirman algunos opositores, pero tampoco alimenta más al mundo, como prometieron los defensores.
Con una línea cada vez más delgada entre los alimentos naturales y los alterados gracias a nuevas técnicas como la edición de genes, afirma el reporte de 408 páginas, los reguladores deben enfocarse más en que el resultado final sea sano, y no tanto en el proceso de producción.
El reporte revisa el importante tema político de si la comida genéticamente modificada debería estar etiquetada.
Los autores del estudio dicen que las etiquetas no son necesarias por motivos de seguridad, pero podrían justificarse por factores de transparencia, sociales y culturales, algo similar a los engomados de "Hecho en...".
La postura fue elogiada por algunos grupos ambientalistas y de consumidores, pero algunos científicos la criticaron al decir que era innecesario porque la comida no representa riesgos extraordinarios.
No hay evidencia de problemas ambientales causados por cosechas genéticamente modificadas, pero la resistencia a los pesticidas es un problema, indicaba el reporte.
La mayoría de las plantas modificadas son la soya, algodón, maíz y canola; en la mayoría de los casos, el ajuste genético las ha hecho resistentes a ciertos herbicidas e insectos. Cuando las granjas pasan de cosechas convencionales a las variedades alteradas, no hay un cambio importante en su producción. Aunque resultados experimentales indican que debería haber un aumento en la producción, datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos no lo demuestra, decía el reporte.
Algunos grupos críticos de la comida genéticamente modificada criticaron el reporte incluso antes de publicarse.
Food & Water Watch criticó a la Academia Nacional, fundada por el presidente Abraham Lincoln para dar asesoría científica, por recibir fondos de empresas de biotecnología y utilizar a científicos a favor de la comida modificada para escribir su reporte.
El reporte fue financiado por el Fondo Burroughs Wellcome, la Fundación Gordon and Betty Moore, el Fondo New Venture, y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, con la misma academia.
Fue revisado por expertos externos y se investigó a los miembros del comité para evitar conflictos de intereses financieros, dijo el vocero de la academia, William Kearney.
kal
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