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Un equipo de científicos de Estados Unidos ha descubierto que las superficies oscuras de Mercurio no se deben a la presencia de hierro, como en el caso de la Luna, sino que están compuestas de un material rico en carbono procedente del interior del planeta.
De acuerdo con este estudio, que publica este lunes Nature Geoscience, estas áreas ennegrecidas contendrían restos de una antigua corteza primigenia de carbono, que se habría formado con la cristalización de grafito durante un océano de magma.
Los vestigios de ese grafito habrían reaparecido posteriormente en la superficie del planeta más próximo al Sol, procedentes de sus estratos interiores, mezclándose con los diferentes elementos de la corteza actual.
Los expertos estadounidenses llegaron a esta conclusión tras analizar la información recabada en sus últimas órbitas alrededor de Mercurio por la sonda Messenger de la NASA, que terminó su misión en 2015.
Hasta ahora, la comunidad científica no había podido corroborar que la composición del elemento oscuro del planeta era carbono, en lugar de hierro, que es el agente que suele provocar ese efecto en muchos cuerpos planetarios sin aire.
Tras confirmar la presencia de carbono, el equipo liderado por Patrick Peplowski, del Laboratorio de ciencias aplicadas de la Universidad Johns Hopkins de EU, estableció también su procedencia.
Primeramente, los investigadores valoraron si pudo haberse originado por el impacto de cuerpos externos, como cometas, pero finalmente concluyeron que procedía de la antigua corteza oculta en las capas interiores del astro.
El equipo de Peplowski sostiene en su estudio que, si bien la antigua corteza de Mercurio rica en carbono quedó sedimentada hace tiempo por la acción volcánica y otros procesos geológicos, parte de ese carbono reapareció después en la superficie, donde se mezcló con otros elementos, dando lugar al color oscuro de áreas del planeta.
kal
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