Una cinta de rafia roja mantiene unida la suela al resto de la bota de fieltro que porta su pie derecho. Todos miran a esa mujer que acaba de ingresar a los vagones del metro con tres costales de PET a cuestas. Hay poco espacio, pero ella logra acomodarse  con su cargamento en una esquina. ¿Cuánto porta en esas bolsas? Alrededor de 25 kilos de PET por los que probablemente recibirá 50 pesos en algún centro de acopio de la Ciudad de México.

Su jornada de trabajo, la que realiza escarbando minuciosamente entre los botes callejeros, tiene un significado expansivo. Su labor se suma a la de cientos de personas en México que han encontrado en la separación de basura un medio de subsistencia y que en conjunto también ha facilitado, la labor de las grandes empresas que se dedican al reciclaje de PET en nuestro país, por cierto, el segundo consumidor de botellas de plástico a nivel mundial.

El tereftalato de polietileno, mejor conocido como PET, fue patentado como un polímero para fibra por los científicos británicos Whinfield y Dickson. En un principio era un material únicamente destinado para la producción de fibras para la industria textil, pero a partir de los 70 se empezó a emplear en la producción de envases. Muy pronto el mundo, literalmente, se inundó de botellas de PET.

Sin embargo, a lo largo del último lustro las cifras de recuperación de este material en nuestro país han subido vertiginosamente. Según cifras de ECOCE, Asociación Civil sin fines de lucro que se centra en la recuperación de envases de PET, durante 2013, 38% de este material era recuperado para su reciclaje, mientras que actualmente se maneja una cifra de más del 50%.

Las empresas se han dado cuenta que la apuesta por el verde tiene un impacto favorable en su economía y su imagen, además del obvio beneficio social.

“México ha evolucionado mucho en esta área. Desde hace unos años se ha consolidado una estrategia muy bien estructurada e impulsada por la industria refresquera nacional.  Según datos de ECOCE, la mitad de las botellas que se utilizan se están recolectando. Esta cifra es de las más altas de todo el continente. Por ejemplo, en EU la recuperación está entre el 30 y 32%”, señala Jaime Cámara, Director de PetStar, una de las grandes protagonistas del reciclaje de PET en México y cuyos principales accionistas son Arca Continental y Coca-Cola México.

Cámara señala que actualmente la mayor parte de lo que se recicla en México se utiliza en la fabricación de botellas grado alimenticio y precisamente la compañía que representa  se ha convertido en el líder mundial de reciclaje de PET en este sector. Su infraestructura se concentra en ocho plantas de acopio en todo el país, donde se emplean a mil personas y se atienden a 24 mil recolectores y pepenadores.

Cambiar las historias

El proceso se resume de la siguiente forma. Las botellas se clasifican por color y plástico en las plantas de acopio donde posteriormente se compacta. Después se transportan a la planta de reciclado; la botellas pasan por  lavado y molienda, y se crean las hojuelas de PET.

Esa hojuela todavía no se considera con grado alimenticio porque en su superficie contiene ciertos elementos volátiles orgánicos, así que es necesario que las “petflakes” se vuelvan líquidas para colarse y  obtener los llamados pellets.

Estos pasan por un proceso térmico en su torre de 50 metros establecida en su planta de Toluca. Allí, durante alrededor de 18 horas, se someten a altas temperaturas  y presión, que repolimeriza el material, pues se alargan sus cadenas moleculares. Durante este proceso también se purifica.

“Lo que sucede es que se expulsan los volátiles orgánicos y se capturan en un fluido de nitrógeno que se está inyectando al sistema y sacando. El producto que se genera es una resina grado alimenticio que puede nuevamente regresar a envases y está en estado inocuo, quiere decir que no afecta ni salud, ni sabor”, apunta.

“Nosotros acopiamos alrededor de 80 mil toneladas en el país, alrededor del  25% del total acopiado en el país. Lo que producimos con esto son 50 mil toneladas, esto equivaldría a llenar con botellas el Estadio Azteca 2.4 veces al año”, señala  y explica que esta resina reciclada grado alimenticio se manda a los fabricantes de envases y se mezcla con resina virgen en diferentes porcentajes, 25.50 o hasta el 100% en el caso de los envases verdes.

“En el caso de PetStar, el 100% del volumen producido va a botellas, pero hay otras aplicaciones que hace nuestra competencia, como la fibra poliéster que es la principal aplicación de PET en el mundo. Es un material muy noble con muchas posibilidades”, señala Cámara, quien agrega que al hablar de cualquier proceso de reciclaje la  participación de la ciudadanía es muy importante, por eso al diseñar la planta se incorporó el concepto del museo-auditorio.

“En 2015 se recibieron 12 mil visitas. Se debe promover  la cultura ambiental para el éxito de reciclaje en el concepto de corresponsabilidad ciudadano-consumidor”.

La exploración de nuevos nichos necesita tiempo para lograr consolidar un proyecto. En este caso existen nuevas empresas que intentan posicionar un nuevo producto, como el caso de grupo Óptico ICH, una joven empresa mexicana que fabrica  armazones oftálmicos y solares hechos de PET y para lograr mayor impacto con su producto, apoya programas de lentes gratuitos para comunidades de escasos recursos.

Para el Doctor Eduardo Botero, de la Coordinación de Geotecnia del Instituto de Ingeniería de la UNAM, en la “Era del plástico” es importante probar todo tipo de estrategias para reciclar un material tan contaminante como es el PET y que tarda hasta 350 años en degradarse. Una opción es ver este defecto como una virtud.

Actualmente en este instituto se realizan estudios para cimentar suelos blandos con este material. La idea es que puedan soportar edificaciones pequeñas y evitar los hundimientos  comunes por las características propias del subsuelo húmedo.

“Teóricamente cinco mil botellas pueden soportar una casa”, señala el experto y explica que la forma de lograr esto es mediante bloques de botellas colocadas de pie y tapadas. El soporte del aire que encierran produce gran resistencia. Con su equipo, se dieron a la tarea de probar alrededor de 20 botellas de diferentes marcas. Al final la que logró un mejor soporte fue el llamado Ciel sifón, un envase que soporta más de 700 kilos.

“Aún faltan la caracterización dinámica, la parte del comportamiento sísmico”, señala y agrega que sin embargo, las expectativas en el proyecto son altas y podrían ser de gran ayuda para lograr minimizar los daños a las viviendas de beneficio social que se construyen a orillas de la ciudad  sobre suelos de poca estabilidad y que tienden a reportar   hundimientos irregulares y consecuentemente grietas en sus estructuras. Otra propuesta que estudian en la actualidad es mezclar las fibras obtenidas del PET con los  tipos de suelo comunes en el Valle de México, como arcilla o arena.

La meta es lograr mezclas más resistentes que minimicen el impacto, por ejemplo, de un tiradero a cielo abierto o un relleno sanitario, pues “estos 'hilos' extraídos del PET se estiran y vuelven el suelo más resistente".

Botero reconoce que para lograr que estas ideas se materialicen es necesaria inversión y compromiso por parte de la industria interesada. Por su parte, Cámara complementa la idea diciendo que  en cualquier aplicación de material reciclado es necesario desarrollar y emplear la tecnología adecuada, así como evaluar a la perfección insumo-abasto para  sobrevivir a las fluctuaciones del mercado y lograr la aplicación final con éxito.

kal

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