La era de los dinosaurios sigue viva en la Patagonia chilena gracias a un grupo de científicos que recorre las frías colinas y los parajes esteparios del sur del mundo en busca de restos fósiles de plantas y animales de más de 65 millones de años de antigüedad.

La expedición, coordinada por el Instituto Antártico Chileno (Inach), va detrás de los vestigios de dinosaurios y otras especies que habitaron esa zona austral en el Cretácico Superior, una etapa cercana a la extinción masiva de los dinosaurios.

El lugar elegido para la búsqueda es la tundra patagónica de la estancia Cerro Guido, más de 340 kilómetros al noreste de Punta Arenas, y cerca de la frontera con Argentina.

Llegar hasta ese remoto rincón resulta una pequeña odisea. Primero, más de cinco horas en automóvil por carretera y caminos de ripio para alcanzar la estancia Las Chinas.

Desde allí, hay que seguir en dirección al norte una decena de kilómetros hasta el punto donde se levanta el campamento científico, aunque resulta imposible hacerlo en jeep por el cruce de ríos y la inestabilidad del terreno.

Las posibilidades son hacerlo a pie, con una caminata de más de cuatro horas, o a bordo de un tractor, que reduce a la mitad el tiempo de viaje.

El campamento de los paleontólogos se encuentra en un sitio llamado "El Puesto", situado junto a un río al final de un valle, y solamente hay una vieja choza que hace años sirvió de refugio para el vigilante de esa parte de la gigantesca finca.

Alrededor de la caseta, que se utiliza como comedor y para cobijarse del frío, se levantan una decena de tiendas de campaña donde los investigadores descansan por la noche.

El equipo está formado por paleontólogos, biólogos y geólogos chilenos y brasileños que trabajan en un proyecto del Instituto Antártico Chileno (Inach) para hallar evidencias que demuestren la existencia de una conexión terrestre entre Suramérica y la Antártida a fines de la era de los dinosaurios.

Los científicos trabajan en el terreno durante un par de semanas aprovechando el verano austral, porque en un par de meses más, la zona estará totalmente cubierta por un blanco manto de nieve.

El proyecto lleva varios años en marcha y hasta ahora ha logrado descubrimientos sorprendentes, como los primeros restos fósiles en Chile de hadrosaurios, una especie de vertebrados herbívoros muy común en el Cretácico Superior, que datan de hace entre 68 y 71 millones de años.

También se hallaron osamentas de titanosaurios, un saurópodo de cuello largo y gran tamaño, y estos últimos días encontraron restos que, al parecer, corresponden a un terópodo, una especie de dinosaurio carnívoro.

Los investigadores, muchos de los cuales bordean la treintena, aprovechan al máximo las jornadas de trabajo sobre el terreno patagónico.

Con las mochilas cargadas de picos, palas, brochas y pinzas, realizan largas caminatas para llegar a los lugares donde han trabajado en años anteriores y que están debidamente marcados en un GPS, y también exploran nuevas zonas donde creen que pueden hallar más fósiles.

Esa zona de la Patagonia chilena es una mina de oro para el estudio de los dinosaurios. El paleobotánico Marcelo Leppe, jefe del departamento científico del Inach y líder de la expedición, la considera una "piedra Rosetta" de la paleontología.

"Este lugar tiene elementos de dos mundos, lo que se entendía como mundo antártico y mundo suramericano", explica Leppe, quien asegura que la riqueza de fósiles y la cantidad de zonas por excavar les da para trabajar en los próximos 25 años.

El chileno Toshiro Jujihara Vergara, del Instituto Tecnológico de Karlsruhe, en Alemania, realiza su tesis doctoral sobre los dinosaurios vertebrados, pero destaca que la Patagonia ofrece una gran diversidad de ambientes y especies.

"Esta zona es fascinante, ideal para hacer estudios de paleontología. No solamente por la diversidad de formas y ambientes, marinos, fluviales y continentales; también puedes estudiar plantas, reptiles marinos, invertebrados marinos y vertebrados continentales como dinosaurios", señala.

Sergio Soto, paleontólogo de la Universidad de Chile, lo compara con un libro que permite ver en un mismo lugar diferentes etapas de la evolución de la historia natural.

"Es un libro que cuenta la historia de la vida. Quizás se le arrancaron algunas hojas, pero la que más nos importa a nosotros, la del Cretácico, tiene todas las hojas preservadas y podemos ver el momento exacto en que se produce la conexión entre los dos continentes", relata.

kal

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