Apatzingán y el gobierno de la transformación

César Camacho Quiroz

Con motivo del 203 aniversario de la promulgación de la Constitución de Apatzingán, conmemorado el domingo pasado, Los Sentimientos de la Nación emergen para recordarnos que somos legatarios de una semilla sembrada la tierra caliente michoacana. Al hacerlo queda claro que Morelos y quienes lo sucedieron, hicieron su parte; y que los siguientes pasos en el camino de la libertad, la dignidad, la justicia y la prosperidad, han correspondido a sucesivas generaciones, incluida la nuestra; por eso resulta claro que en los meses y años porvenir el desafío consiste en mantener el rumbo y acelerar el rumbo del desarrollo, beneficiando a más personas.

Hace más de cuatro décadas, México inició un proceso protagonizado por sociedad y gobierno; compleja sucesión de fenómenos sociales, coyunturas electorales, liderazgos plurales y complementariedad de visiones de país; adaptación progresiva de un régimen jurídico y político, a una sociedad que reclamaba un nuevo estado de cosas. La disputa por el poder se abrió, se amplió, se legalizó y se legitimó, alcanzando un momento climático hace 20 años pues, desde entonces ningún partido ha logrado la mayoría en la Cámara de Diputados.

La cadena de cambios institucionales y políticos desembocó en dos alternancias en la Presidencia de la República. En la segunda, el Ejecutivo impulsó un gran paquete reformista. En este sexenio se han realizado 154 reformas de las 702 realizadas en 100 años a la Constitución, que hacen de éste, el gobierno más reformador de todos los tiempos, encabezado por Enrique Peña Nieto.

Jefe de las instituciones, asumió el liderazgo que implicó hacer propuestas audaces y considerar las iniciativas provenientes de todo el espectro político, tuvo el talento jurídico de hacerlas compatibles entre sí y con las ideas propias, e hizo gala de talante democrático, al impulsarlas hasta aprobarlas por el poder revisor de la Constitución: el Congreso de la Unión más las legislaturas locales. Transformando nuestra Carta Magna, hoy tenemos una Constitución transformadora.

Con ella estamos dando viabilidad económica al país, en un contexto global que al inicio del sexenio apenas se imaginaba. México no sólo ha cambiado su estructura financiera, sino que no ha dejado de crecer, por encima de nuestros socios. Potencia exportadora, nuestra nación redefine, desde una posición de inteligencia y realismo, los acuerdos comerciales con Norteamérica y el mundo.

Sobre finanzas nacionales sanas, ya mejoran las finanzas familiares de los mexicanos; más de tres millones de empleos formales generados, renuevan la confianza de muchas más personas que ya vislumbran un futuro mejor, para ellos y para quienes más quieren. Tarifas de servicios públicos y privados a la baja, al tiempo de niveles de recaudación a la alza, implican mayor conectividad con el mundo y, sobre todo, abren nuevas posibilidades para quienes estaban rezagados. El poder público se ha redistribuido, para ser más eficaz; el Ejecutivo se ha desprendido de facultades y recursos que ahora cumplen y ejercen otras y nuevas instancias, algunas autónomas y colegiadas; y, muy subrayadamente, estados y municipios ven fortalecidas cada año sus finanzas.

El todavía paulatino, pero inexorable fortalecimiento de nuestro estado de Derecho, con más y mejores dispositivos jurídicos e institucionales abocados a la procuración de justicia, la competencia económica, la transparencia y la rendición de cuentas y, subrayadamente, al combate contra la corrupción en una instancia única en el mundo, puesta en manos de los ciudadanos, vaticinan una mejoría que inversionistas y visitantes ya observan, y por eso confían más en nosotros.

El mérito de es de los mexicanos de ésta, que bien podríamos llamar la generación de la transformación profunda de México; una sociedad cada vez más demandante y organizada que apremia resultados y formula propuestas innovadoras. Fuerzas políticas, todas, que, sin arriar banderas, han creado espacios para la concreción de acuerdos. Empresarios que no han parado de apostar por la prosperidad; y trabajadores cuya disciplina y capacidad resultan proverbiales.

Bien haríamos en sentirnos orgullosos de nuestro proceso histórico que, no sin dificultades, hemos construido juntos, no para darnos por satisfechos; sí para cobrar nuevo impulso.

Retadores, los meses y años por venir, serán para proceder como hace más de 200 años sugirió Morelos: con patriotismo y constancia; esto es, perseverando en el esfuerzo, manteniendo la dirección del proyecto nacional y multiplicando los resultados benéficos para más mexicanos.
 

Líder de los diputados federales del PRI.
@ CCQ_PRI
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