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Los sistemas basados en las cuentas individuales de ahorro para el retiro no han funcionado como se esperaba, porque se ignora el problema de la gran informalidad laboral, y no se resolverá con un simple ajuste, advirtió el vicepresidente de Sector y Conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Santiago Levy.

En un análisis a propósito del libro Ahorrar para Desarrollarse: Cómo América Latina y el Caribe puede ahorrar más y mejor, Levy señaló que numerosos países, entre ellos México, Perú y Chile, han vivido la transición a estos sistemas desde los años 80.

Sin embargo, no están en mejores condiciones para tratar con la realidad de un empleo informal muy extendido, ponderó en el análisis.

Dijo que estos nuevos sistemas de pensiones se fundaron en las mismas bases inestables con resultados similares, como insuficiencia en la cobertura y en ahorros para la jubilación.

Para Levy, los sistemas de pensión de la región están a años luz de lo que se requiere para abordar los retos sociales y demográficos en el futuro.

“No proporcionan una red de protección lo bastante amplia para las personas en edad avanzada y no permiten a los gobiernos ahorrar lo suficiente para invertir en salud, educación e infraestructura de manera que aumenten la productividad y reduzcan la desigualdad”, destacó.

Agregó que la solución de los sistemas de pensiones va a requerir mucho más que un simple ajuste.

Grandes transiciones. Quien fuera el arquitecto principal del programa antipobreza Oportunidades, hoy llamada Progresa, aseguró que la región de América Latina y el Caribe está entrando en un periodo de grandes transiciones demográficas.

Advirtió que a finales de siglo, en la zona va a haber proporcionalmente más personas en edad avanzada que en Europa.

Levy destacó que actualmente una tercera parte de la cobertura en la región es “no contributiva”, y se ha ayudado a millones de personas.

Sin embargo, son escasos los beneficios, que oscilan entre 5% y 7% del ingreso per cápita en Colombia y México, y hasta cerca de 30% del ingreso per cápita en Brasil y Argentina.

“Los programas pueden ser caros y llegar a representar hasta 1% del PIB; además, empeora el problema del gasto fiscal que supuestamente debía resolver el sistema de cuentas individuales”, sentenció.

Consideró que esto puede desincentivar el ahorro y las transferencias dentro de la familia. “¿Por qué deberían ahorrar las personas para su jubilación, cuando saben que el gobierno proveerá para ellos, independientemente de que hayan ahorrado?”.

Para resolver el problema van a ser necesarios cambios, como abordar el problema de la informalidad laboral y sus desastrosas consecuencias, dijo.

Estableció que no importa realmente cuán atractivo parezca el sistema de pensiones en el papel si los fundamentos sobre los que descansa —el mercado laboral—no están preparados para servir de soporte.

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