El auto que sembró el terror en la ciudad

Una historia real sufrida por las familias más acaudaladas de la época revolucionaria, contada a través de un serial de 1919

Autopistas 21/10/2016 17:08 Jimena González Bernal Actualizada 17:09
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Poco se habla del vehículo que sirvió para perpetrar una serie de asaltos y atrocidades que sumergieron a la sociedad mexicana en un mar de horror durante los años posteriores al estallido del movimiento revolucionario. El hecho solo se conoce como “El automóvil gris”, gracias a la película del director Enrique Rosas, la más importante del cine silente de la época.

Considerado como uno de los pioneros del séptimo arte en México, Enrique Rosas se encargó de recrear la forma delictiva con la que operaba el grupo de maleantes que, en su momento, fueron denominados como: los “asaltantes automovilistas”, “la banda de cateadores” o “la banda del automóvil gris”, de acuerdo al escritor y periodista Héctor de Mauleón.

Pero, ¿qué auto se utilizó para escapar con el botín obtenido por estos criminales? Al seguir a Mauleón en su columna “El Automóvil Gris”, publicada en El Universal, en agosto de 2013, hace mención de dos vehículos que sirvieron para lograr este fin. El primero se refiere a un Lancia tipo Torpedo de cuatro puertas y a un Fiat, los dos del mismo color antes mencionado.

 

Sin embargo, hay otros conocedores del acontecimiento que atribuyen el protagonismo a un Packard de principios del Siglo XX. Incluso, entre la lista de sospechosos se encuentra un Ford T, que podría descartarse, porque parte de su producción masiva se debió al uso de pintura negra que secaba rápidamente.

La cuestión relevante para aquellos intelectuales que han plasmado la historia hasta en la literatura, es que se trató de un evento real, el cual mantuvo aterrorizada a la gente más pudiente de la época que contaba con mansiones o casonas en zonas que ahora se conocen como Coyoacán, Del Valle y Pueblo de Tlalpan; lugares donde ocurrieron los actos de violencia más temidos de la historia de la Ciudad de México.

El serial. A partir de 1915, un grupo de hombres armados con uniforme carrancista arribaban a los hogares de alcurnia sobre un auto gris descapotado, donde presentaban una orden de cateo que justificaba la búsqueda de armas y municiones. Las víctimas, como el acaudalado ingeniero Gabriel Mancera, sufrían robos de sus pertenencias a través de golpes e insultos verbales y, en ciertos casos, violaciones sexuales y asesinatos.

Después de conseguir oro, plata y joyas, los delincuentes huían a toda velocidad en el auto.

Algunos de los integrantes fueron capturados por su evidente nexo con el ejército, dando paso a su fusilamiento en 1918. El episodio fue filmado por Enrique Rosas, fragmento original que se sumó a la adaptación que realizó de estos hechos en un serial de 16 capítulos.

José Antonio Valdés, subdirector de Información y Proyectos Especiales de la Cineteca Nacional, comentó que la obra del cineasta está inspirada en el trabajo cinematográfico de Francia, a través de las intrigas criminales del director Louis Feuillade, como “Le Vampires” y “Judex”.

 Además, se dejaba llevar por la narrativa del estilo Griffith, una propuesta naturalista, muy parca, donde se contaba una historia aparentemente lineal, para encontrarse con otras paralelas que contenían momentos de tensión y dramatismo.

“La ‘Banda del Automóvil Gris’ es un título que no retoma para su trabajo documental, por una razón muy divertida: resulta que la producción corre a cargo de Mimí Derba, una de las triples más famosas del teatro de revista en la época de Don Porfirio. Fue pareja sentimental, de quien se dijo, era líder de esta banda: Pablo Gómez, un militar de alto rango.

“Como la actriz quería hacer cine, le fundó una compañía llamada Azteca Films, productora que realiza entre dos y tres películas, una de ellas, la obra de Rosas, es decir, el propio protagonista de la banda termina financiando la película. Las crónicas de la época dicen que quedó hecha una verdadera maravilla, presentada al público en 1919”, compartió Valdés.

Otras curiosidades. Juan Manuel Cabrera, el detective que atrapó a los delincuentes, se interpretó así mismo durante el serial policiaco.

Fungió como un tipo de guía para recrear los acontecimientos tal y como sucedieron, además ubicó los escenarios originales que testificaron cada atrocidad, y también aparecen en el filme.

Valdés consideró que uno de los errores cometidos a esta intención documentalista, fue su reedición y sonorización en 1933, por órdenes de la familia del creador, quien no llega a ser parte de la discusión, porque fallece a consecuencia de un ataque cardíaco, un año después de presentar su obra maestra. Fue tal su éxito, que se está programando de nuevo su exhibición en diciembre. Solo queda estar pendientes de la cartelera.

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