La pelea callejera de los aspirantes demócratas

Antonio Rosas-Landa

Chicago, Illinois.— Dos debates entre precandidatos presidenciales: uno hoy y otro mañana, en Detroit, Michigan, serán necesarios para escuchar a 20 aspirantes a la nominación demócrata. El número de precandidatos dispersan la atención sobre el partido, haciendo más difícil derrotar al manipulador en jefe, Donald Trump.

Entre los aspirantes colisionan las plataformas de los políticos tradicionales moderados, con los progresistas que proponen socializar grandes segmentos de la economía. ¿Qué corriente se llevará la candidatura y tendrá el abanderado (a) posibilidades de triunfo?

Hoy veremos en el escenario a los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren, quienes culpan a los ricos y a Wall Street de los males nacionales. Para ellos, imponer impuestos a las operaciones bursátiles y a los multimillonarios para financiar programas sociales es vital. Sanders quiere transformar el sector de cuidados de la salud, eliminando los seguros privados (una posición rechazada por más del 50% de los votantes en Michigan), para establecer un sistema público.

Estas políticas que implican cambios profundos encuentran soporte en los simpatizantes de extrema izquierda y entre los jóvenes que con su idealismo aún no aprenden a manejar un ábaco que les muestre que son financieramente inviables.

Aquí un ejemplo: Sanders peleó por años aumentar el salario mínimo a 15 dólares la hora. Pero recientemente se supo que su campaña no pagaba esa cantidad. Exhibido, se anunció que cumplirían con el pago, pero que reducirían las horas de trabajo. Esta debacle demostró lo que los empresarios dicen sobre subir el salario por decreto.

Si el ingreso no está respaldado por empleos de mayor entrenamiento laboral y los ingresos correspondientes a las compañías, en lugar de ayudar a los trabajadores pobres los perjudica, pues se eliminan empleos y se recortan horas de trabajo.

Por otro lado, entre los más ardientes progresistas están las cuatro congresistas de minorías étnicas identificadas como el Squad, definido como “pandilla” por el corresponsal de EL UNIVERSAL en Washington. Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York es una de ellas. Con sus 29 años es una de las políticas más prometedoras de nuestro tiempo. El problema es que sus planteamientos funcionan con audiencias liberales, pero espantan a los votantes moderados, que son clave para ganar la presidencia.

Otra miembro de “la pandilla”, la representante Rashida Tlaib, propuso incrementar el salario mínimo no a 15, sino a 20 dólares. Obviamente a la gente de bajos ingresos le encantaría ganar más si tan sólo fuera sostenible. Habría que preguntarle al senador Sanders cuántos colaboradores puede emplear si paga 20 dólares la hora.

Esta es la razón por la que Trump ha enfocado sus energías en el Squad, a través de insultos y descalificaciones. Es una maquinación para concentrar la atención en las “legisladoras extremistas” y dejar en la oscuridad a los precandidatos presidenciales, de entre quienes saldrá su verdadero rival.

Hablemos ahora de los precandidatos que debatirán mañana; resaltan el exvicepresidente Joe Biden y la senadora Kamala Harris.

Estos políticos pueden ganar si delinean una plataforma incluyente que ofrezca una opción a la mayoría de los estadounidenses. Propuestas viables que, sin embargo, deben ser comunicadas al ritmo de un peleador de la calle que pueda debatir de igual a igual con Trump.

A pesar de sus 73 años, el presidente es muy bueno en campaña: visita varios estados en un día y llena de energía a sus simpatizantes. Los demócratas necesitan un candidato que haga enojar a su base, que la movilice, pero que también conquiste a los independientes y moderados con políticas factibles. Es complicado, pero es la única ruta para sacar a Trump del poder.

 

Periodista. @ARLOpinion

 

***Foto: MIKE SEGAR. REUTERS

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