Nuestra deuda con los trabajadores

Alejandra Barrales

La Ciudad de México no duerme. Su dinámica laboral no se lo permite y es justo que reconozcamos a quienes, a diario, dan vida a una de las capitales más importantes del mundo y luchan a brazo partido para dar a sus familias una vida digna y un futuro con mejores oportunidades.

Las mujeres y los hombres de nuestra Ciudad son trabajadores, muchos de ellos tienen dos o tres turnos para que, haciendo magia con el dinero, apenas puedan llegar a fin de quincena, cubriendo con mucho esfuerzo la canasta básica de alimentos, servicios, renta, pasajes propios y de los hijos, entre otros gastos.

No exagero cuando señalo que es recurrente ver en nuestras calles a mamás transportándose en bicicleta y llevando atrás a uno de sus hijos con uniforme escolar, mientras otro viaja enfrente y en el brazo lleva mercancía para vender. Esto significa que esa mujer deja a su niño mayor en la escuela y al otro en una guardería para después trabajar en las calles y, en la tarde, regresar de la misma forma para hacer otro turno más trabajando en casa, haciendo la cena, preparando la mercancía del día siguiente, resolviendo el día a día de la familia.

En nuestra Ciudad, las abuelas también han vuelto a ser madres y padres, porque alguien tiene que hacerse cargo cuando una mujer es cabeza de familia y sale a dar la cara por todos. En nuestra capital una tercera parte de las familias está encabezada por mujeres.

O, como en mi caso como hermana mayor, la responsabilidad de mis hermanos pequeños recaía en mí; yo los llevaba a la escuela, preparaba sus alimentos y los ayudaba con sus tareas. Porque cuando el dinero no alcanza, toda la familia colabora para salir adelante, así es la vida de miles, millones de familias en la Ciudad de México y en el país.

La situación económica y laboral por la que atraviesa el país y, en consecuencia, nuestra Ciudad, es crítica, porque ha profundizado la enorme brecha de desigualdad, dejando a quienes viven en pobreza en manos del crimen organizado. Ellos, sin escrúpulos y de manera ventajosa, abusan del hambre y de la situación de emergencia que enfrentan las familias mexicanas. Pero, sobre todo, abusan de los más jóvenes, de quienes no encuentran otra salida porque no tienen educación, apoyo, y ven en la delincuencia la única solución.

Es por todas las mujeres cabeza de familia, es por todos los hombres que luchan por un empleo digno y un salario justo, es por las y los jóvenes que merecen un mejor destino, que en nuestro proyecto Por la CDMX al Frente estamos proponiendo las soluciones más reales y viables para hacer una verdadera diferencia en la vida de quienes habitamos esta gran Ciudad.

Twitter: @Ale_BarralesM

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