Con el apogeo de la corrupción como intercambio social, los costos impuestos a la colectividad son morales por el malestar generalizado producto de la apatía para combatirla, son políticos por el cuestionamiento a los hechos ilícitos, son económicos por el despilfarro de los recursos públicos y finalmente sociales por la clara desigualdad en el tratamiento de los actores

El mensaje presidencial sobre avances en materia de seguridad, vuelve a mostrar los golpes de una realidad que rebasa los buenos deseos