No es azaroso que esa criatura en crónico estado de “regeneración” haya regresado en el nombre del amorfo partido-movimiento que creo López Obrador para lanzar sus ambiciones

El poder la aborreció, claro. La arrinconó por atreverse a hablar de temas prohibidos desde su femineidad. Los obispos y los hombres la pusieron ante dos opciones: el juicio de la Inquisición o el silencio

Es obvio que al Supremo, como a Zweig, lo atrae la imagen del digno padre de la patria perseguido y resistente como Cicerón o Erasmo o, entre nosotros, Juárez