Ahí está la clave, y en el ejercicio, y nos lo podrá corroborar ese tal Antonio Jareño o Xavier, a quien desde sus primeros días de convalecencia mi esposa ya le ponía ejercicios que poco a poco subían de intensidad, hasta la fecha que camina solo media hora en la mañana y hace no sé qué tantas rutinas de fuerza

Me conmovió que él no pudiera ver —por lo menos como los demás entendemos— y que en la más absoluta de las oscuridades confiara su vida a la generosidad de quien lo conducía, para permitirle experimentar una vivencia tan gratificante como es correr