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Mexicano combate la discriminación con arte

15/06/2019
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Texto:Daniel Zainos
Fotos:Juan Boites y Natalia Castrejón

Un vestido de flores con grandes olanes amarillos y una peluca pelirroja se pueden ver entre la oscuridad del escenario. El silencio inunda el foro al final del espectáculo creado por César Enríquez. Un golpe de realidad que ha dejado atónito al público que sólo reacciona para  aplaudir y ovacionar de pie, permite ver lágrimas correr por los rostros de algunos espectadores.

César es actor, dramaturgo y director escénico. Su trabajo se caracteriza, según los críticos, por su calidad y lo consideran  punta de lanza del cabaret en México. Este género teatral mezcla música, danza y humor, siendo la farsa la forma dramática que lo caracteriza.

Las obras de Enríquez se enfocan en temas como la transfobia, la homofobia y la misoginia.  Él se involucró en estas problemáticas a partir de la necesidad de sentirse libre, aunque jamás se ha descrito a sí mismo como un activista.

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Su trabajo tiene proyección nacional e internacional y representa a México en eventos como el Festival Iberoamericano de Cádiz, en España; el Festival Internacional de Buenos Aires, en Argentina y su símil en Chicago, en Estados Unidos.

En entrevista para EL UNIVERSAL, César habló sobre los sentimientos encontrados que tiene al presentarse en el extranjero: “Digamos que son dos caras, por un  lado es el orgullo que siento de representar a México, pero por otro, es una parte dolorosa porque llevo el mensaje de que en mi país se sigue matando por odio todos los días”, refiriéndose a la transfobia.
 

Muertes invisibles

La transfobia se describe como una actitud de odio, acoso, discriminación o rechazo, hacia las personas transexuales y transgénero, es decir, que expresan su identidad de género de manera distinta a lo considerado normal por la sociedad.

México es el segundo país con mayor número de asesinatos relacionados con este problema sólo después de Brasil. En los últimos 10 años se han reportado 408 casos, así lo indica un estudio hecho por la organización Transgender Europe.

Sin embargo, el Centro de Apoyo a las Identidades Trans, que documenta estos asesinatos, estima que por cada uno identificado en México hay otro más sin ser reconocido.

Mientras que la organización Letra S, reportó el homicidio de 473 personas LGBT, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, siendo en su mayoría mujeres trans. El informe se elaboró a partir del monitoreo en notas informativas.

Datos de la Encuesta Nacional Sobre Discriminación de 2017, indican que 3 de cada 10 personas se identifican como no heterosexuales. De esta cifra, el 40% declaró que se les han negado sus derechos por su orientación sexual.

Además 7 de cada 10 ciudadanos creen que no se respetan los derechos de las personas trans y 6 de cada 10 piensan lo mismo sobre las personas gays o lesbianas.

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Darle voz a quienes se la arrebataron

Al recordar sus primeros acercamientos al cabaret, Enríquez menciona los cuestionamientos surgidos a la par de la búsqueda de su voz. No sabía que estaría comenzando a desarrollar su futura habilidad:

“Recuerdo muy claramente que hice un par de ejercicios con cosas de Astrid Hadad (actriz de cabaret mexicana) y mis maestros me preguntaban ‘¿Por qué haces esto? ¿Y esto qué? ¿Por qué te vistes de mujer?’  No lo veían mal, pero tampoco era aprobado al 100. Empecé a experimentar algo ahí, pero yo no sabía que esto era cabaret”.

Años después  descubrió que su vocación no estaba en las aulas, sino en los escenarios y se adentró totalmente a este tipo de espectáculos.

Por la falta de apoyo, montó su propia obra y empezó a hacer crítica política. En el camino alguien le dijo que eso era cabaret. Así se acercó al género y comenzó a estudiarlo por su cuenta, descubrió una gama “que ahora le da mucho”.

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“Mi primer personaje realmente fuerte fue Caricia del Río, una diva empoderada. Ya tocaba temas LGBT.  Mi público se acercaba a agradecerme por hablar de esto”, recuerda. Así se percató del efecto que generaba su espectáculo. Sus personajes parten de sus sentimientos, los cuales  al estar ejecutados sobre un escenario, conectan con el público. Entendió cómo plasmar en escena la vida de los otros.

Para César el cabaret se tiene que hacer desde el dolor, fijando también posturas políticas. No necesariamente mencionar a funcionarios, sino hablar de temas sociales importantes. Y como él lo asevera, “darle voz a grupos que han sido marginados”.

El dolor otorga un valor único a este género, aunque integrarlo es un proceso difícil: “Es una propiedad inseparable, si no se vuelve simplona y chabacana”, meciona el artista.

“Cuando escribí La Prietty Guoman o Por jodidos y hocicones había momentos en que yo mismo lloraba frente a la computadora, porque son temas que me duelen. Algo que hace el cabaret y por lo cual lo amo, es que permite reírte de tu dolor, de la discriminación que sufres, misma que se transporta al escenario de tal forma que el público se refleja. Es ahí donde se dan cuenta de que todos pasamos por esto”.

Además de la posibilidad de reconocimiento, la comedia también es combativa y empoderadora, declara César.

“Es un arma que no mata, es un arma contra el poder, contra el opresor. Y a su vez empodera al público, por ello sumaría hacer una comedia inclusiva, alejada de la misoginia y la homofobia. Me parece importante hacer algo que no ofenda a los que siempre han sido ofendidos. Como a veces lo digo: que no joda al jodido, sino que joda al que jode.”

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Al recordar sus presentaciones en el interior de la República, afirma que fueron bien recibidas:

“Siempre han sido maravillosos. Hace poco La Prietty Guoman estuvo en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y nadie lo creía, 900 personas asistieron y sólo hubo un reclamo al final, pero no me lo dijeron a mí sino a uno de los sacerdotes. Padres de familia  preguntaron ¿quién había autorizado ese espectáculo? y los sacerdotes contestaron ‘si usted gusta confesarse vamos a estar allá afuera. La presentación fue muy buena, pero si usted piensa que lo que escuchó no es viable, voy a estar allá para atenderla”

La Prietty Guoman  habla de una mujer transexual que fue vendida  a un padrote al ser rechazada por su familia debido a su identidad de género.  En este proyecto Enríquez se involucra totalmete en el tema al hablar con mayor conciencia de los derechos de la población LGBT.

Para la creación de esta obra se empapó de toda la problemática que viven las trans día con día en México. La organización Casa de Muñecas fue clave para la construcción de la historia.

“Nosotras como trans hemos formado un caparazón ante la población gay por el rechazo de muchos de sus integrantes. Sin embargo, cuando él se acercó percibimos su intención. Por ello pienso que se ha convertido en un parteaguas para volver a tener credibilidad en la comunidad”, señala Kenya Cuevas, fundadora de Casa de Muñecas, quien  reconoce el esfuerzo que hace César para llevar la vida de una mujer trans al teatro.

La colaboración entre Kenia y César trata de disminuir la discriminación y la violencia hacia la comunidad LGBT.

“Trato de poner un grano de arena en la sociedad, de empoderar a grupos que han sido silenciados y en los cuales yo también me veo reflejado, porque he sufrido los estragos del machismo y la discriminación” finaliza el cabaretero mexicano en un acto de introspección.

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