No soy crítico de cine. Quienes amablemente siguen esta columna saben que mi parcela es el terreno de la seguridad nacional, sin embargo, he hecho honrosas excepciones como el caso de la película ‘Heroico’, que narra las brutales novatadas transmitidas de generación en generación en los planteles educativos militares.

En esta ocasión hablo del filme ‘La Captura’, estrenada por Netflix este 2026, que narra la historia de dos policías federales que combaten la guerra contra el narcotráfico.

No soy policía moral ni cadenero, que cada quien haga con su tiempo de ocio lo que le venga en gana. El presente texto no es un juicio ni estético ni cinematográfico, sino moral.

La estrategia de presentar como narrativas épicas las guerras de una sociedad para glorificarlas e inspirar a la juventud es tan antigua como la literatura misma, siendo su máximo exponente la ‘Ilíada’ y la ‘Odisea’, historias que invitan al lector a llorar con Aquiles la muerte de su amante, Patroclo, a angustiarse con Odiseo en su desaventurado regreso a casa, o a aprender en cabeza ajena de la tragedia de los troyanos.

México ha intentado tímidamente imitar la glorificación militar realizada por Hollywood incluso en los filmes que no están, en principio, deliberadamente diseñados para glorificar una guerra o fuerza armada concreta. Tal sería el caso de películas como ‘Transformers’ donde, aunque el contenido de la narrativa es completamente ajeno a guerras concretas como Vietnam o Irak, siempre tienen como trasfondo el poderío militar estadounidense que puede auxiliar a los ‘autobots’ para triunfar sobre los ‘decepticons’.

Producciones mexicanas que siguen esta fórmula hay muchas: la película ‘Cuna de valientes’ de 1972 que narra las aventuras de cadetes del Heroico Colegio Militar, y en fechas más recientes, producciones realizadas a expreso encargo del gabinete de seguridad del presidente Felipe Calderón Hinojosa, quienes facilitaron la producción de telenovelas como: ‘La Teniente’ (producida por TV Azteca en 2012 con una historia centrada en la Secretaría de Marina) y ‘El Equipo’ )estrenada en 2011 por Televisa y centrada en la historia de 4 policías federales). Un espíritu similar sigue la película ‘Contraataque’, dirigida por Chava Cartas y distribuida por Netflix en 2025.

¿Por no qué apruebo este tipo de filmes como profesionista de la seguridad nacional? Primero, porque pretenden presentar una dimensión épica de algo que en sí mismo es una tragedia nacional, la guerra contra el narcotráfico. No lo digo desde un punto de vista moralino, soy enorme entusiasta de las películas de guerra en general, pero en nuestra guerra contra el narcotráfico no hay nada de moral. El aparato de seguridad mexicano vive y respira corrupción, uso excesivo de la fuerza, fabricación de flagrancias, tortura de detenidos, y en ese sentido, no creo que haya tal cosa como ‘historias buenas que merecen ser contadas’. Desde mi experiencia, primero operativa y después estratégica en el ecosistema de seguridad nacional mexicano, no existe tal cosa como la posibilidad de ser un buen policía, un buen soldado, un buen custodio o un buen analista de inteligencia. En todos esos caminos profesionales, uno inevitablemente se encuentra no una, sino muchas veces con la tentación e incluso la necesidad de romper la ley en búsqueda de algo más difuso llamado ‘lo justo’ o ‘lo merecido’. Esa es la razón por la que yo, a título personal, no duré demasiado tiempo en gobierno federal haciendo estas labores, porque desde mi brújula moral era incompatible subastar mi consciencia a cambio de un uniforme bonito o un título laboral elegante. Eso no quita que las historias de los profesionistas de la seguridad nacional (buenos o malos) existan y fácticamente puedan ser contadas.

El ser humano ideal no existe. No existen los beatos ni los impolutos, contar toda historia real del quehacer de la seguridad en México implica, sin duda, contar sus impurezas y claroscuros. Si deciden ver la película, véanla vacunados. Sí, quizás es sano para un país devastado contar una que otra buena noticia de cuando en cuando, nos puede servir la esperanza, pero a sabiendas de que es la excepción y no la norma. Y, por tanto, recibir la película como es, un esfuerzo de tratar de hallar una aguja en un pajar. Le deseo al lector que la esperanza no nuble nuestro realismo y que nuestro realismo nos conduzca al cinismo. Es la única advertencia que me permito hacer sobre el filme.

Director del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos

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