La semana pasada, la Secretaría de Hacienda entregó el Paquete Económico 2027, el primero de su administración que empieza a mostrar una trayectoria propia más allá de la herencia recibida. El paquete en su totalidad es más realista que otros y en ese sentido, es más creíble.
Los Criterios Generales de Política Económica parten de supuestos moderados: un crecimiento del PIB de entre 1.5% y 2.5% —modesto, pero dentro del rango esperado por las demás instituciones financieras—, inflación de 3%, tipo de cambio de 18 pesos por dólar y un precio del petróleo cercano a los 62 dólares por barril (hay que recordar que hay una fórmula para estimarlo). Son cifras prudentes, ajustadas a la baja frente a lo proyectado en abril.
Del lado del gasto, el Proyecto de Presupuesto de Egresos propone un gasto de poco más de 10.5 billones de pesos, 0.7% real de incremento sobre el de 2026. Los programas del Bienestar concentran cerca de un billón de pesos –2.6% del PIB– con cerca de 43 millones de beneficiarios, mientras que la Marina y la Defensa registran los mayores incrementos porcentuales entre las dependencias. Por razones evidentes, las obras emblemáticas del sexenio pasado siguen recibiendo recursos para su conclusión.
Por el lado del ingreso, los ingresos presupuestarios proyectados apenas superan los 9.1 billones de pesos —un incremento de 3.9% en términos reales (por encima del crecimiento de la economía además)—, frente a un gasto de 10.5 billones. La diferencia, esos 1.4 billones de pesos, tendrá que cubrirse con más deuda. No es una sorpresa, tampoco una crisis, pero confirma que, otra vez, el balance no cuadra sin financiamiento adicional.
Se sugiere un techo de endeudamiento interno de 1.7 billones de pesos y externo por 13,500 millones de dólares, con una deuda total, medida a través de los Requerimientos Financieros del Sector Público, que llevaría esa variable a representar cerca de 55% del PIB.
Hacienda insiste en que no hay impuestos nuevos ni incrementos generalizados a tasas de ISR o de IVA. Sin embargo, sí hay cambios. La iniciativa reduce de 30% a 20% de la utilidad fiscal ajustada el límite para deducir intereses netos, endurece las reglas para pagos al extranjero y partes relacionadas, limita el uso de pérdidas fiscales de ejercicios anteriores a 50% de la utilidad del ejercicio a cambio de extender el plazo para agotarlas de 10 a 20 años, y elimina el diferimiento del ISR para grupos corporativos. Son cambios sobre todo dirigidos a empresas grandes. La lógica es clara, contener prácticas de evasión y elusión fiscal, recaudar más sin tocar tasas directamente, pero apretando las deducciones y aumentando la fiscalización. Claro que ha habido una reforma fiscal, solo que ha sido gradual y sin demasiado ruido.
La consolidación fiscal vuelve a posponerse. La reducción del déficit, de 4.1% a 3.9% del PIB, es modesta y aunque el repunte en inversión física es una señal positiva, su efecto dependerá de que se sume inversión privada y mixta, porque sin crecimiento sostenido será cada vez más difícil estabilizar la deuda.
Es un paquete ordenado, con supuestos razonables y sin sobresaltos. Pero, igual que el año pasado, es un ejercicio que ajusta en los márgenes, financia gasto corriente con deuda y aplaza la conversación de fondo. Otro año de patear el balón.
@Valeria Moy
Exclusivas
Experiencias El UniversalDónde comer platillos diferentes con nogada este septiembre con precios especiales
Experiencias El Universal5 beneficios de practicar escalada y dónde probarla con descuento en CDMX
Experiencias El Universal4 planes de fin de semana cerca de CDMX con descuentos de Club EL UNIVERSAL
Experiencias El Universal





