Hoy, como cada año, es un día de festejos nacionales para conmemorar el llamado del cura Hidalgo e iniciar la lucha por la Independencia de México. Un momento en nuestra historia que marcó un antes y un después en el orden político y social de nuestro país.

Una familia de comerciantes se anticipa desde días, e incluso semanas, previas para incrementar sus ventas a partir del motivo patriótico; nuestros agentes de seguridad pública atienden desde muy temprano una jornada de cuidado de plazas y espacios públicos para mantener el orden y la paz; familias y amistades disfrutan la oportunidad para reunirse y degustar platillos exquisitos de nuestra gastronomía nacional, mientras los estudiantes más jóvenes experimentan la ceremonia marcial y el desfile del día siguiente.

Quienes hemos tenido responsabilidades públicas encontramos en este día un momento para repensar el país, pues la oportunidad ofrece una perspectiva para hacerlo. Antes de la madrugada de Dolores hubo un largo proceso de gestación; y después del levantamiento, el futuro permaneció abierto por años, exigiendo decisiones cuyo alcance sus protagonistas apenas podían anticipar.

Celebramos esta fecha porque abrió posibilidades para millones de personas y para generaciones que todavía no habían nacido. La patria que comenzábamos a construir llevaba dentro una aspiración de justicia.

La Cuarta Transformación tiene también un antes que explica su llegada. Recordemos el 2018, año en que confluyeron el cansancio frente a la desigualdad, las expectativas frustradas y décadas de organización popular y lucha social. Andrés Manuel López Obrador escuchó atentamente los agravios del pueblo mexicano y construyó una alternativa que millones hicimos posible mediante el voto democrático. La victoria abrió la responsabilidad de convertir esa confianza en cambios reconocibles para la vida cotidiana de millones de mexicanos.

Hoy, la recuperación salarial, las pensiones, las becas y el fortalecimiento de los derechos laborales han colocado al bienestar en el centro de las decisiones públicas. La transformación trajo nuevas demandas: proyectar los estudios de los hijos, contar con una mejor vivienda o favorecer una vejez con menos daños a la salud y mayores cuidados.

Avanzar socialmente hace crecer nuestras expectativas, y eso representa una consecuencia política que la oposición no alcanza a comprender. El movimiento está contribuyendo a formar una sociedad que espera más porque ha comprobado que es posible mejorar. Con nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, profundizar la transformación exige seguir reconociendo este cambio de expectativas y darles el mejor cauce posible. Nuestra izquierda democrática debe seguir escuchando a la sociedad mexicana que se ha transformado.

Esta noche volveremos a pronunciar juntos el nombre de México. En las plazas estarán quienes celebran y quienes cuidan; en las calles, quienes venden; en las casas, quienes imaginan un porvenir para sus hijos. Todos forman parte de la patria cuya Independencia conmemoramos. Honrarla nos compromete con sus vidas. Lo que hagamos después del grito irá definiendo cuánto tendremos que celebrar cuando volvamos a reunirnos.

Unámonos al grito de ¡Viva México! Festejemos la Independencia nacional de todas y todos. Cuidemos a las infancias del uso de fuegos artificiales, disfrutemos los alimentos, bailemos y cantemos entre amistades y familiares, porque la felicidad se construye; y en una nación soberana que nos permite, después de más de dos siglos de desarrollo y progreso sostenido, mirar hacia el futuro con esperanza y paz, vale la pena hacerlo juntas y juntos.

Académico

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