El T-MEC se negocia en las mesas técnicas de México, Estados Unidos y Canadá, pero sus resultados se miden todos los días en las plantas industriales, los campos agrícolas, las minas, los centros logísticos y los corredores productivos de América del Norte. Ahí, la competitividad deja de ser un concepto para convertirse en empleo, inversión y bienestar.

La tercera ronda de conversaciones entre México y Estados Unidos dejó señales alentadoras. El diálogo continúa, se registran avances en más de treinta mesas técnicas y alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas que cumplen con las reglas del Tratado mantiene acceso libre de aranceles. Son avances que permiten mirar la siguiente etapa con serenidad, firmeza y visión de largo plazo.

Sin embargo, la revisión del T-MEC va mucho más allá del comercio. En ella se definen reglas de origen, cadenas regionales de suministro, así como aspectos relacionados con la industria automotriz, el acero, la agricultura y el cumplimiento laboral. En el fondo, se está decidiendo cómo fortalecer la competitividad de América del Norte y qué papel desempeñarán el empleo, la productividad y el talento de millones de trabajadores.

Conviene recordar una realidad que explica la naturaleza del Tratado. Un vehículo ensamblado en México incorpora componentes, tecnología e ingeniería provenientes de Estados Unidos y Canadá, mientras que numerosas plantas estadounidenses dependen de autopartes fabricadas en nuestro país. La verdadera competencia de América del Norte no está dentro de la región, sino fuera de ella. Los tres países involucrados no deben competir entre sí: deben fortalecer su capacidad para producir juntos. Esa integración es una de las mayores fortalezas económicas del continente y el principal activo que debemos preservar.

Por ello, México debe llegar a esta revisión con una posición nacional construida entre el Gobierno, las empresas y los trabajadores. La competitividad no depende únicamente de los indicadores macroeconómicos; también requiere estabilidad laboral, productividad, inversión y que los beneficios del crecimiento lleguen a quienes todos los días sostienen la producción.

Las revisiones anuales del Tratado representan una oportunidad para actualizar estrategias, anticipar cambios tecnológicos y fortalecer la capacidad productiva de la región. En una economía que evoluciona con rapidez, el diálogo permanente es también una ventaja competitiva.

En la nueva era de la CTM queremos aportar una contribución concreta. Representamos a más de seis millones de trabajadores presentes en los principales corredores industriales, automotrices, mineros, agroindustriales y de servicios del país. Esa presencia cotidiana nos permite conocer, antes que nadie, las necesidades de los centros de trabajo, las oportunidades de inversión y los desafíos productivos que enfrentan las empresas.

Por ello, hemos propuesto la creación de un Consejo Laboral Plural, de carácter consultivo y técnico, que reúna al Gobierno, al sector empresarial y a las organizaciones sindicales más representativas. La conducción de la política comercial corresponde al Estado mexicano; la responsabilidad del movimiento obrero es poner al servicio del país la experiencia que diariamente se genera en los centros de trabajo para fortalecer la posición negociadora de México.

Este esfuerzo también debe contribuir al fortalecimiento del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida. México ha demostrado su compromiso con la libertad sindical y la negociación colectiva. La siguiente etapa debe consolidar un mecanismo basado en la reciprocidad, el debido proceso, la transparencia y la prevención, de manera que los compromisos laborales sean observados con el mismo rigor en los tres países.

La mejor política laboral no es la que resuelve conflictos, sino la que los evita. Las empresas con relaciones laborales sólidas invierten más, innovan mejor y generan mayor productividad. Los trabajadores mejor capacitados enfrentan con mayor éxito los desafíos de la inteligencia artificial, la automatización y la transformación tecnológica que ya vive la industria norteamericana.

Reconocemos la conducción de la Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y el trabajo del Secretario de Economía, el Lic. Marcelo Ebrard Casaubon, en una negociación que exige capacidad técnica, diálogo y visión de Estado. La CTM refrenda su disposición para contribuir con responsabilidad, experiencia y sentido nacional.

El futuro de América del Norte se negocia en las mesas, pero se construye todos los días en los centros de trabajo. Ahí se encuentra la mayor ventaja de México: el talento, la disciplina y la dignidad de su gente.

La competitividad no nace en un tratado; nace cuando Gobierno, empresas y trabajadores comparten un mismo propósito. Esa es la visión que la CTM pone sobre la mesa: un México que fortalece su liderazgo porque dialoga, que atrae inversión porque ofrece estabilidad y que construye prosperidad porque reconoce que el trabajo organizado no es un costo de la economía, sino uno de los activos estratégicos más importantes para el desarrollo nacional.

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