Durante décadas la realidad, los corridos y el imaginario popular, posicionaron a Sinaloa como la capital del narcotráfico mexicano. Pero hoy su significado ha cambiado, y se ha convertido en el territorio donde confluyen una guerra criminal, la presión estratégica de Estados Unidos y una redistribución del poder político mexicano.

Todo comenzó a finales de la administración de López Obrador, cuando en julio de 2024 El Mayo Zambada salió de Sinaloa y apareció bajo custodia estadounidense junto con Joaquín Guzmán López. Sin que México sepa aún, como eso fue que sucedió. Pero lo que sí sabemos, fue lo que produjo.

Los tintes de traición entorno a la caída de El Mayo rompieron el equilibrio interno del Cártel de Sinaloa y en septiembre comenzó abiertamente la guerra entre las facciones de los Guzmán y los Zambada. Lo que ocasionó que escasos días de cumplirse dos años, y miles de muertos y desaparecidos después, la geopolítica pueda demostrar una de sus máximas en ese territorio : cuando desaparece un equilibrio de poder, el vacío rara vez permanece vacío.

Así pues, mientras una guerra se libraba en Sinaloa de manera interna, otra comenzó a construirse de manera externa entre Sinaloa y Estados Unidos.

Washington convirtió al estado en uno de los principales escenarios de su ofensiva contra el fentanilo, y eso dio pauta a que gradualmente el objeto de persecución se ampliara y pasara de las organizaciones criminales hacia las estructuras políticas que presuntamente permiten su operación.

El gobernador del estado, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios y exfuncionarios de su entorno quedaron bajo la lupa estadounidense, y poco a poco han ido cayendo. Como si se tratara de un efecto dominó.

Gerardo Mérida, exsecretario de Seguridad, se entregó a Estados Unidos. Enrique Díaz, exsecretario de Finanzas, hizo lo mismo. Ricardo Verduzco Bernal, exdirector del Instituto Municipal del Deporte de Guasave, fue detenido en Utah, con más de 11 kilogramos de fentanilo.

Mientras que en paralelo, México sigue intentando resolver la incógnita que detonó esta crisis. Fausto Corrales, testigo de los acontecimientos relacionados con el secuestro del Mayo Zambada y el asesinato de Héctor Cuén, fue detenido en Ciudad de México, y esto podría a volver a poner bajo la luz la otra parte del nuevo significado geopolítico de Sinaloa, casi dos años después de que El Mayo saliera del país.

Las dos líneas terminan encontrándose en el mismo lugar, y entre ambas se abre una pregunta fundamental sobre la moda en que se ha convertido la soberanía: ¿quién tiene hoy mayor capacidad para saber, perseguir y alterar las estructuras de poder que operan en Sinaloa?

Otro dato importante, es que la presión sobre Sinaloa no se quedó en Sinaloa. Terminó viajando hasta el centro del sistema político mexicano.

Rocha Moya se convirtió en el punto de transmisión entre la crisis bilateral y la política nacional. Mientras crecían los costos de sostenerlo frente a Washington, también aumentaba el costo de protegerlo dentro de Morena, y cuando intentó regresar a la gubernatura, obligó al oficialismo a tomar posición.

El resultado fue una redistribución del poder dentro del movimiento que obligó, por primera vez, a una parte importante del sistema construido alrededor de López Obrador, a comportarse como un sistema organizado alrededor de Sheinbaum.

Por eso Sinaloa ya no es solamente narcotráfico. Hay tres fronteras que se están moviendo simultáneamente : la que separa al Estado del crimen, la que separa la soberanía mexicana del poder estadounidense y la que separa el liderazgo heredado de López Obrador del poder propio de Claudia Sheinbaum.

Y ninguna de las tres ha terminado de acomodarse.

El último en salir, apague la luz.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.