Un estudiante termina un examen de matemáticas con la respuesta correcta. El profesor le pide que explique cómo llegó a ella. El estudiante duda. Conoce el resultado, pero no logra reconstruir el razonamiento. La escena resume un problema educativo: acertar no siempre significa comprender.
Los resultados de la prueba PISA 2025 ayudan a dimensionarlo. En México, apenas 30% de los estudiantes de 15 años alcanza al menos el nivel 2 de competencia en matemáticas. Al mismo tiempo, 80% declara sentir curiosidad, pero solo 37% planifica cómo estudiará y 45% se pregunta si realmente comprendió lo aprendido. El problema no es solo de interés. También es de método.
Aprender no consiste en recordar y repetir información. Implica relacionar conocimientos, resolver problemas y explicar por qué una respuesta tiene sentido. Ahí aparece una herramienta que suele permanecer en los márgenes del currículo: hablar en público.
No se trata de incorporar la oratoria como espectáculo, sino de recuperar la palabra como método de aprendizaje: explicar, preguntar, argumentar, objetar y defender una conclusión.
Es cierto que la Nueva Escuela Mexicana reconoce la diversidad de ritmos de aprendizaje. Pero aprender de manera distinta no significa relativizar los aprendizajes fundamentales. Si los ritmos son diferentes, la evaluación tendría que ser más especializada, no menos exigente. La pregunta no debería ser solo cuántos acreditan, sino cuántos pueden demostrar que aprendieron.
Leer, escribir, sumar, restar y explicar un procedimiento son aprendizajes fundacionales. Sobre ellos se construyen capacidades más complejas. Si siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel mínimo de competencia matemática, debemos preguntarnos si la evaluación detecta a tiempo los rezagos.
Aquí la oralidad puede funcionar como instrumento diagnóstico. Pedir a un alumno que explique una lectura, describa cómo resolvió una operación o defienda una conclusión permite observar qué comprende y qué no. La secuencia es sencilla: comprender, explicar, argumentar y comunicar.
La inteligencia artificial vuelve más urgente esta discusión. Hoy un estudiante puede generar en segundos un ensayo, una síntesis o una solución razonada. Por eso la evaluación tendrá que desplazarse parcialmente del producto al proceso. Ya no bastará preguntar qué respondió, sino cómo llegó a esa conclusión y si puede defenderla, porqué una cosa es presentar una respuesta y otra, tener la capacidad de justificarla.
El mercado laboral refuerza el argumento. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial señala que el pensamiento analítico es la competencia central más demandada: 69% de los empleadores la considera esencial. Le siguen resiliencia, flexibilidad y agilidad, con 67%, y liderazgo e influencia social, con 61%. Además, 39% de las habilidades actuales podría transformarse o quedar desactualizado hacia 2030.
La inteligencia artificial y los macrodatos encabezan las habilidades de crecimiento más rápido, pero las capacidades cognitivas y humanas siguen siendo centrales. Preparar para el futuro del trabajo no consiste solo en enseñar tecnología; implica formar personas capaces de analizar, adaptarse y comunicar decisiones con claridad.
Por ello, la oratoria no debería ser un adorno curricular. Puede ser una herramienta transversal para hacer visible el pensamiento: un problema matemático explicado en voz alta, un ensayo con defensa oral o una respuesta generada con inteligencia artificial que deba ser cuestionada por quien la utilizó.
Volvamos al estudiante del principio. Tiene una respuesta correcta, pero duda cuando le preguntan por qué. Esa duda dice más sobre su aprendizaje que el resultado escrito.
Educar en la era de la inteligencia artificial ya no puede consistir únicamente en producir respuestas. Debe formar personas capaces de comprenderlas, cuestionarlas, contrastarlas y defender sus propias ideas con criterio. Pensar, argumentar y comunicar no son habilidades accesorias: constituyen competencias esenciales para aprender, decidir y participar responsablemente en una realidad cada vez más mediada por la tecnología.
Porque la vida no transcurre siempre frente a una pantalla, con conexión a internet o con una inteligencia artificial disponible para resolver cada problema. Habrá momentos en los que será necesario pensar por cuenta propia, explicar una idea, sostener una posición, responder una objeción, tomar una decisión o persuadir a otros. Preparar a los estudiantes para esas exigencias cotidianas también es educarlos para el futuro. Y, paradójicamente, cuanto más inteligentes sean nuestras máquinas, más importante será formar seres humanos capaces de pensar, argumentar y comunicar por sí mismos.
Contacto Correo electrónico: cardona.rene@uabc.edu.mx Facebook: reneibraham.cardonapicon X: @ricp22
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