Todavía faltan dos años para los Juegos Olímpicos en Los Ángeles y sería irresponsable comenzar a repartir medallas desde ahora. El deporte no funciona así. Lo que sí podemos hacer es revisar dónde están nuestros atletas, qué han conseguido y —sobre todo— preguntarnos qué necesitan para llegar en las mejores condiciones. Y cuando uno hace ese ejercicio, descubre algo alentador: México tiene una generación con argumentos reales para competir.
Osmar Olvera encabeza esa lista. Ganó dos medallas en París 2024 y después hizo algo extraordinario: Se convirtió en campeón mundial de trampolín tres metros en Singapur 2025, terminando con el dominio chino que existía en esa prueba desde 2007. Llegará a Los Ángeles con apenas 24 años.
Pero sería un error pensar solamente en los clavados. Uziel Muñoz consiguió la plata mundial en impulso de bala con 21.97 metros, récord mexicano, un resultado que lo colocó directamente en la élite de una especialidad en la que nuestro país pocas veces había tenido semejante presencia.
También debemos mirar con atención al tiro con arco, con Andrea Becerra y Matías Grande; a Randal Willars, Aranza Vázquez y Alejandra Estudillo, en clavados; Alegna González, en marcha; Emiliano Hernández, en pentatlón moderno; Alan Cleland, en surf y otros jóvenes que seguramente levantarán la mano. A eso se suma el flag football femenil, disciplina que debutará en el programa olímpico y donde México ha construido una Selección competitiva.
Lo importante, sin embargo, no es hacer una lista ni convertir una proyección en promesa. El verdadero tema es qué vamos a hacer con estos deportistas durante los próximos dos años.
He vivido suficientes ciclos olímpicos para saber que una medalla no comienza a ganarse cuando el atleta llega a la Villa Olímpica. Se construye mucho antes, con entrenadores de calidad, competencias internacionales, medicina deportiva, alimentación, recuperación, instalaciones y recursos entregados a tiempo. Parece elemental, pero en México demasiadas veces hemos obligado al deportista a competir también contra la burocracia y la improvisación.
Los Ángeles representa una oportunidad especial, porque varios de nuestros mejores atletas llegarán en una magnífica etapa de madurez deportiva.
Y habrá que mantener la mirada puesta también en Isaac del Toro. Su presencia todavía no puede darse por segura, pero si finalmente está en la competencia, México tendría en él a otro deportista con argumentos para pensar seriamente en una medalla. El joven ciclista ha demostrado que puede competir de frente con figuras de primer nivel y que su crecimiento ya dejó de ser solamente una promesa. Si llega en buenas condiciones y decide tomar la salida, será uno de esos nombres mexicanos que habrá que seguir muy de cerca.
No sé cuántas medallas ganará México en 2028. Lo que sí sabemos es que existe una generación capaz de buscarlas. Que lleguen preparados o volvamos a lamentar oportunidades perdidas dependerá, en buena medida, de lo que hagamos desde hoy.
deportes@eluniversal.com.mx
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