Pregunta. Nos quedamos en 1994, tan significativo en la historia de la República.
Ya te comenté que hubo una declaración conjunta entre el gobierno y los partidos políticos a raíz de la zozobra que generó, primero, el levantamiento armado del EZLN, y luego, el asesinato del candidato presidencial del PRI. Ya hablamos de cambios a nivel constitucional y legal. Todo eso nos dejó un gran aprendizaje: no “se pueden cambiar las reglas del juego estando ya el juego iniciado.” Tratamos de contribuir a una elección libre, auténtica y legítima. Cuando el IFE cumplió 15 años, escribí un artículo de ocho páginas donde describo exhaustivamente todo lo que hicimos en el ámbito de la Dirección General del IFE a mí cargo. Se publicó un libro colectivo. Mi texto se llama, a propuesta del IFE, “El antes y el después de las elecciones mexicanas”, para los interesados.
El punto es que hicimos muchas innovaciones administrativas para legitimar la elección. Y es que donde yo me paraba, me preguntaban “¿y a usted se le va a caer el sistema?”, en referencia a la elección presidencial de 1988. De manera que, de lunes a domingo, yo invitaba a desayunar al IFE a representativos de la sociedad civil organizada mexicana. Quise trascender el ámbito del Consejo General a fin de acercarnos con la sociedad civil. Dábamos un “show”. Tú mencionabas tu nombre y aparecía en una pantalla tu credencial para votar con fotografía, domicilio, edad, sexo, clave de elector, todo. Explicábamos lo del líquido indeleble, papel de seguridad, todo. Yo afirmé que en el proceso y sobre el proceso electoral había grandes suspicacias, algunas con sustento. Habíamos tenido una historia electoral controvertida.
Pregunta. Controvertida es muy poco…
Bueno, pues, trágica. Por eso yo sostenía “a exceso de suspicacias, exceso de garantías.” Garantías de que lo indebido ya no se haría. Las oposiciones nos atribuían cosas de más, que nunca tuvo realmente capacidad de hacer el PRI, pero mi trabajo era garantizar que se disiparan esas suspicacias. Empecé dialogando con la Conferencia del Episcopado Mexicano, encabezada por el Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, quien me distinguió con su amistad. Llevé a la Asociación de Banqueros, a la Asociación Nacional de Actores, a la Federación Mexicana de Futbol, al Colegio de Notarios, al de ingenieros, arquitectos, agrónomos, economistas, contadores, sociólogos; todos los colegios de profesionistas fueron invitados, así como todas las confederaciones deportivas. A la Concamín, a la Concanaco, la Canacintra, la Coparmex. Y a todos ellos les hice esa presentación para que se dieran cuenta de los esfuerzos auténticos por legitimar las elecciones. No te sabría decir cuántas organizaciones llevamos, pero de lunes a domingo yo desayunaba en el IFE. ONGs de niños con cáncer, feministas, con todos. Me reuní con Sergio Aguayo, con Águilar Zínser, Clara Jusidman, Mariclaire Acosta. Les informé de manera directa lo que estuvimos haciendo. Fue un éxito. Nos ayudó mucho la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, encabezada por Javier Pérez de Anda.
También nos dedicamos a mejorar procedimientos fundamentales de la elección. La oposición sostenía la tesis de que el Presidente de la República controlaba directamente el proceso electoral. Para combatir esa sospecha, se hicieron los sorteos. En primer lugar, se sorteaban los doce meses del año. Del mes que resultara seleccionado, todos los ciudadanos nacidos en ese mes serían potenciales funcionarios de casillas. Y en un segundo sorteo de las letras del alfabeto, la sorteada implicaba que todos los ciudadanos del nuevo sorteo cuyo apellido paterno empezara con esa letra, serían seleccionados. Ese era el universo por capacitar. Después de la capacitación, se escogerían los idóneos. Los funcionarios de casilla venían de sorteo, ya no podía acusarse que fueran puros simpatizantes del PRI.
También se cuestionaba mucho el padrón electoral. Para 1994 se asumió el compromiso de un nuevo padrón con fotografía, a partir del método censal. Se estableció la distinción entre padrón electoral y lista nominal de electores, habida cuenta que una vez inscrito un ciudadano en el Registro Federal de Electores, había que esperar la llegada de las credenciales desde Atlanta. Hicimos una campaña exitosísima, convocando a la gente a que se empadronara. La credencial de elector se convirtió en el medio de identificación por excelencia de los mexicanos. En ausencia de un carné de identidad, la credencial del IFE se volvió identificación oficial. La credencial de elector se basa en información obtenida desde la buena fe, es decir, lo que declara el ciudadano. Había la afirmación de que los muertos votaban. Se contaban muchos chistes de la elección, toda una picaresca en torno al misterio del padrón electoral. De modo que en medio de la zozobra de 1994, se estableció un consejo técnico de 8 espléndidos científicos mexicanos, del CINVESTAV, de la UNAM, del IPN, de El Colegio de México, etcétera. Se hizo un trabajo riguroso, acompañado de auditorías. El Comisionado representante del PRD, Samuel del Villar terqueó que el fraude electoral seguía en el padrón, debido a las homonimias. El nombre más repetido en nuestro padrón en 1994 era Guadalupe Hernández Hernández, hombres y mujeres. Había 1800 ciudadanos con ese nombre, explicable por la veneración a la Virgen. Había también una coincidencia de 180 mil homonimias en total, pero el padrón tenía más de 55 millones de ciudadanos mexicanos. Eso no explicaba el fraude electoral.
En tiempo y forma, el Consejo General avaló el padrón. Samuel del Villar (q.e.p.d.) siempre siguió cuestionando igual. Miguel Ángel Granados Chapa (q.e.p.d.) y José Agustín Ortiz Pinchetti (q.e.p.d.), Consejeros Ciudadanos, se quejaban de Samuel del Villar y su necedad. Se levantaban versiones estenográficas de las sesiones de Consejo, y cuando intervenía Samuel, las actas llegaban a 90 páginas. Yo tengo un archivo personal de todas las actas durante mi período como Director General.
Luego parte de la oposición empezó a quejarse que uno era el padrón que salía impreso y otro el que llegaba a las casillas. En el camino se “rasuraba” a quienes no iban a votar por el PRI; los opositores nos rebasaban con su imaginación. Simple y sencillamente no era posible hacer lo que nos acusaban. Una cosa era el Padrón, y otra la Lista Nominal donde aparecen quienes recibieron su credencial. Por problemas técnicos en Atlanta, a veces no llegaban las credenciales a tiempo. Y entonces con ayuda del gran abogado que es Fernando Franco, Presidente del entonces Tribunal Federal Electoral (TRIFE), se estableció que el ciudadano al que no le llegara a tiempo su Credencial para Votar, podía acudir al Tribunal y le emitiría una resolución para votar el día de la elección.
Así que se estableció que habría papel de seguridad en las Listas Nominales de Electores. Se adoptó un mecanismo para que al terminar la jornada electoral, se recogieran muestras de la Lista Nominal de Electores y con una lámpara se verificase que estaban impresas en el papel de seguridad original, para confirmar que la Lista era la misma que salió del Registro y llegó a la casilla. Eso encareció la elección.
Nunca pusimos en la Constitución el principio de la desconfianza, pero ahí estaba. Carpizo habló de “la feria de las desconfianzas.” Si se creaba un candado, había que crear un contracandado y un recontracandado. Se fueron haciendo más complejos los procedimientos. La boleta electoral también se imprimió en papel seguridad. Todo con papel seguridad, y se muestrearon para demostrar que lo que se imprimió originalmente era lo que llegó a la casilla. También eso lo hicimos por iniciativa del Registro de Electores, cuyo titular era Carlos Almada, y mía, desde luego aprobado por el Doctor Carpizo y el Consejo General.
El Doctor Carpizo propuso que, a sugerencia del PAN, nombráramos a Juan Molinar Horcasitas (q.e.p.d.) como Director Ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos, bajo mis instrucciones directas. Juan fue muy profesional en su desempeño en esa función. Se abrió una mesa de negociación y se revisó la nómina de vocales del IFE, estatales y distritales, para que, a sugerencia de las oposiciones, remover algunos. El Doctor Carpizo nombró a la Subsecretaria de Gobernación, Licenciada Beatriz Paredes, y yo nombré a mi colaborador, el Licenciado Felipe Solís Acero, para que cumplieran dicha encomienda. Depuraron la lista de vocales bajo el supuesto de que a varios de ellos los habían colocado los gobernadores en el momento fundacional del IFE. Y para reforzar la confianza, al frente de la Misión de la ONU, vino Dong Nguyen, el francovietnamitamexicano experto en cuestiones electorales y conflictos armados.
Pregunta. Usted tuvo interlocución con Jorge Montaño en aquella época…
Sí, yo fui a Washington y el embajador Montaño puso a mi disposición a su Consejero Político, Arturo Sarukhán, quien gentilmente me apoyó como traductor. La legitimidad en el exterior era muy importante. Tuvimos a la comunidad latinoamericana de embajadores, tuvimos a los embajadores de la Unión Europea, a los del Asia Pacífico, todos en México.
Desde luego también la consolidación del Servicio Profesional Electoral. Pero se requerían también auxiliares electorales para trasladar la documentación electoral y se estableció un Acuerdo del Consejo General para que los auxiliares electorales, personal transitorio, no tuvieran militancia partidista. El Ejército y la Armada llevaban los paquetes electorales, una vez que salían de Talleres Gráficos de México. Los auxiliares eran quienes transportaban ese material antes y después de la jornada electoral, desde y hacia los distritos electorales.
Emitimos Lineamientos para Comunicación y Difusión de las Campañas Electorales. Se trataba de lograr algo de neutralidad informativa. Y empezó a hacerse el monitoreo de radio y televisión para conocer los tiempos de cobertura a cada partido y candidato presidencial. No había normas de derecho todavía, pero sí unos Lineamientos.
La ONU ofreció asistencia técnica a los observadores electorales nacionales. Y en 1994 se reconocieron los observadores extranjeros también, pero no se les llamó así, sino “visitantes”, para no herir la sensibilidad del arraigado nacionalismo mexicano. La ONU propuso crear un Fideicomiso que apoyó con recursos el Gobierno mexicano para capacitar observadores nacionales. Preparamos mucho material para corresponsales extranjeros; yo cené con 180 de ellos en el hotel Nico el sábado anterior a la elección.
Pregunta. ¿Los candidatos presidenciales tuvieron algún contacto con usted durante el proceso? Y ¿Qué participación tuvo usted en la organización del primer debate presidencial en la historia de México?
Ningún contacto. Solamente acompañé al Doctor Carpizo para recibir sus respectivas solicitudes de registro como candidatos. Lo del debate le tocó organizarlo al Secretario de Gobernación. El debate estaba previsto en la ley como una posibilidad a solicitud de los partidos, no por iniciativa de la autoridad. En aquel debate se privilegió a los tres partidos grandes, estuvieron Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos y Ernesto Zedillo. Pero luego hubo otro debate, menos recordado, entre los demás candidatos.
Aparte de todo eso, tuvimos regulación de encuestas para resultados electorales. En México no había cultura de resultados electorales el día de la elección. Hay tres modalidades para esto. La primera y más rápida es la lo que en inglés se llama “exit poll”, (encuesta a boca de urna). Van los encuestadores y están pendientes de los ciudadanos que acaban de emitir su voto, y les preguntan por quién votaron. En Estados Unidos es lo primero que se usa por la prensa y suelen ser muy certeras. Pero en México con la cultura de la suspicacia, los votantes desconfiaban y desconfían de los encuestadores. Así que este método no ha sido muy socorrido en México.
Además, la autoridad electoral no puede tomar eso como resultado oficial. El segundo método es el “conteo rápido”, basado en un muestreo estadístico. La muestra se basa en actas de escrutinio y cómputo de casillas. El cómputo es el conteo de votos, el escrutinio es la revisión de correspondencia entre boletas y actas. En el caso nuestro, el IFE no hizo “exit poll”, solamente un conteo rápido en una muestra nacional realizada por tres empresas encuestadoras por regiones. Yo como Director del IFE no conocí el resultado de esas encuestas hasta que se publicaron en todo el país. Y acertaron con mucha precisión.
Y el tercer y más importante método para dar resultados el mismo día (no el definitivo), es todo el flujo de información enviado a un centro de cómputo nacional para sumar todos los votos esa misma noche, desde los 300 distritos que recibían las 55 mil casillas. Estamos hablando de la elección presidencial más concurrida en la historia de México. Mi hipótesis es que la gente salió a defender su paz social. Los alteró mucho la irrupción del EZLN y el asesinato del licenciado Colosio. Hubo casillas que no cerraron a las seis de la tarde sino hasta las nueve de la noche, porque la gente seguía en la fila y la ley ordena que no se puede cerrar mientras haya gente en la fila. Era necesario también diseñar, por mandato de ley, un programa de transmisión de resultados electorales preliminares. Invité a un gran conocedor de la informática, Jorge Sánchez Acosta, que fue el coordinador del PREP. Originalmente propusieron que se llamara SIRE (Sistema de Información de Resultados Electorales Preliminares). Yo le dije a la gente, nunca más la palabra “sistema” asociada con lo electoral, revivimos el trauma de la elección presidencial de 1988. Yo lo bauticé como Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y funcionó bien por vez primera esa noche. Yo había sido representante del PRI ante el Sistema de Cómputo en la elección presidencial de 1988. Estuve ahí toda la jornada electoral en las oficinas del Registro de Electores. Aquella vez llegaron a nuestras computadoras resultados de cinco casillas, tres del Distrito Federal y dos del Estado de México. En todas ganaba el Ingeniero Cárdenas, cuando se interrumpió el flujo de información. Y un técnico informático nos informó “ya no habrá información porque se cayó el sistema.”
Pregunta. Entonces la frase original no fue de Bartlett.
No, fue en propiedad una expresión de lenguaje técnico. Yo le reporté esta información a Patricio Chirinos en el PRI. Y me dijo “vente para acá” a la Comisión Federal Electoral en SEGOB. Yo llegué y me di cuenta que unos compañeros estaban informando a Diego Fernández de Cevallos, el jefe de representantes del PAN. Diego le pidió la palabra a Bartlett y dijo, palabras más palabras menos: El técnico que orientó a mis compañeros les dijo que ya no iba a llegar más información porque “se cayó el sistema… político mexicano”. Y hubo una gran carcajada. El asunto es que para 1994 establecimos tecnología de punta, con terminales de captura remota, similares a las de las tarjetas de crédito, se iban a transmitir los datos. Auditamos los equipos informáticos ante los representantes partidistas y notario público, antes, durante y después de la jornada electoral.
Además de lo anterior, yo tenía la preocupación de que hubiera un atentado contra el IFE. Fui objeto de amenazas de muerte todo el año, el país estaba convulso, supuestamente venían de la ETA. Tuvieron que ponerme escoltas, una situación muy incómoda. Mandé habilitar en la azotea del IFE un helipuerto por si yo tenía que sacar al Doctor Carpizo en condiciones de emergencia. Me preocupó que el Centro de Recepción de Resultados Electorales pudiera ser dinamitado. Se lo platiqué a Dong Nguyen, el Jefe de la Misión Electoral de la ONU en México y a Horacio Boneo, Jefe de la División Electoral de la propia ONU, quienes me sugirieron “Arturo, ponga un Centro de Resultados Espejo, en un lugar cerrado con representantes de los partidos, para que no lo acusen de fraude.” Y tuvimos un Centro espejo. Le pedí a un colaborador que consiguiera una casa. Yo nunca la visité. Se le informó a los partidos que habría dos centros, el público y éste exclusivo para ellos. Que deberían ir ahí desde el sábado en la noche hasta el miércoles. Ahí podrían comer. No habría acceso a teléfonos ni fijos ni celulares. Los llevamos en una ambulancia sin ventanas y los trajimos dos horas dando vueltas por la ciudad para que no supieran el domicilio en el cual se ubicaron. Pero recibieron resultados desde la primera casilla. Ayudó la forma en que se distribuyó el voto. 50% PRI, 30% PAN Y 17% PRD. Las distancias no eran fácilmente remontables. Yo salí a la una y media de la mañana con el PREP. El Doctor Carpizo promovió un “colchón de confianza” e invitó a nueve organizaciones que financiaron conteos rápidos, la primera la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión. Los nueve conteos coincidieron. Cuando yo salí a dar los datos pasada la una de la mañana, la gente ya estaba dormida, pero ya conocían resultados preliminares por conteos rápidos. El PREP fue y siguió siendo una maravilla como quedó demostrado seis años después en la elección del 2000. Yo llamé a José Woldenberg, quien por entonces encabezaba el IFE, para felicitarlo por la elección del 2000. Y me dijo “Arturo, trabajamos con lo que tú dejaste en el PREP, pero por el avance tecnológico pudimos poner en la computadora de cada mexicano desde la primera casilla”.
También había que formar una cultura democrática. Publicamos desplegados para explicar lo que era una encuesta de salida, el conteo rápido, (la información estadística muestral), etcétera. Quienes quedaron acuartelados en el centro de resultados espejo, salieron encantados, pero no pudieron reportar nada hasta que yo reporté resultados del PREP a la una y media de la mañana. No tuvimos conflicto postelectoral. Solo tuvimos una turbulencia. En el Consejo del IFE teníamos qué definir cuántas boletas debían entregarse a las casillas en “tránsito”. Supongamos que el día de la elección estás en otra zona de la ciudad o de vacaciones, eres “elector en tránsito”. Otra vez el Doctor Del Villar dijo que ahí estaba el fraude, porque las casillas en tránsito se instalan sin lista nominal. Él pidió que sólo se asignaran 200 boletas para casillas en tránsito. De modo que el día de la elección, en el aeropuerto o en la central camionera, llegó mucha gente a votar en casillas en tránsito y hubo mucha inconformidad de que sólo hubiera 200 boletas, pero había sido un acuerdo del Consejo General a propuesta del Doctor Del Villar, representante del PRD. Y quisieron organizar una protesta en el IFE. Yo había propuesto que el día de la elección, en cada noticiero de radio o televisión hubiera un funcionario electoral a fin de auxiliar en la cobertura de la jornada. Que fuera como en el desfile del 16 de septiembre, hay un militar explicando qué contingente va pasando junto al locutor de radio o el conductor de televisión. Yo mandé a mi Coordinador de Asesores, Mauricio Collado Martínez, con Jacobo Zabludovsky. Y estaban para atender dudas si la gente llamaba. Así que convocamos una rueda de prensa en el IFE, distribuimos la copia del acta de la sesión donde Samuel del Villar propuso las 200 boletas por casilla en tránsito, para que no hubiera manipulación de la información. A las doce del día habíamos contenido el tema. Difundimos boletines de comunicación social. Todo funcionó en tiempo y forma.
Así, logramos “el antes y el después de las elecciones mexicanas…”
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