Para creerlo había que viajar a Texcoco. Ya en el centro urbano de la ciudad miro la plaza comercial construida sobre lo que fueron los famosos jardines del palacio del Nezahualcóyotl. Toneladas de cemento, comercios y hasta canchas de pádel yacen encima del extraordinario sistema hidráulico que diseñó el tlatoani poeta y arquitecto.

En el sitio arqueológico Ahuehuetes Tetzcoco, del millar de viejos árboles que en 1465 mandó sembrar Nezahualcóyotl para enmarcar sus jardines, sobreviven abandonados unos cuantos. Son testigos del agravio a la memoria que la avaricia, la corrupción y la negligencia han causado, pero también del valor de una comunidad que decidió promover un juicio en defensa del patrimonio arqueológico, ambiental y cultural de la zona y que obtuvo el 19 de junio pasado la suspensión definitiva de las obras concedida por el Poder Judicial de la Federación.

Aquí la historia: Desde hace décadas la ciudadanía ha promovido acciones ante autoridades federales, estatales y municipales, para frenar la destrucción progresiva del patrimonio arqueológico de la antigua ciudad prehispánica de Texcoco. Dentro de la demanda del amparo, encabezado por la socióloga María Angélica Padilla junto con personas nahua hablantes, colectivos y asociaciones civiles, investigadores y académicos, le atribuyen al Ayuntamiento de Texcoco el otorgamiento de licencias de construcción que vulneran el régimen jurídico de protección aplicable al sitio arqueológico. Sostienen que las autoridades municipales actuaron fuera de su área de competencia al autorizar intervenciones en una zona sujeta a la regulación federal y a la tutela del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Más atrás: Había datos en fuentes históricas, pero faltaba evidencia arqueológica para comprobar que, en este espacio, al sureste del actual centro urbano de Texcoco, estuvieron los jardines de Nezahualcóyotl, cuya belleza describieron cronistas como Torquemada. En 2006, cuando Walmart quiso construir una tienda en el lugar, la doctora María Teresa García encabezó los trabajos de salvamento arqueológico junto con sus colegas Gustavo Coronel y Yalo Madrigal, del INAH. Al excavar, constataron que debajo de los campos de cultivo que protegieron los vestigios prehispánicos durante siglos, yacían restos arqueológicos de enorme importancia. Lo reportaron y se canceló el proyecto.

María Teresa García advierte que como resultado de la investigación llevada a cabo en este predio (de 105 527.02 metros cuadrados) “se dictaminó que dentro del espacio estudiado se restringe cualquier permiso de construcción que pueda crear modificaciones al subsuelo del terreno con la finalidad de proteger los vestigios descubiertos”.

Sin embargo, dos décadas después, con licencia del ayuntamiento y ante la mirada impasible del INAH, se construyó La Plaza del Parque encima del sitio arqueológico en 2025. Y si bien se logró la suspensión definitiva, que ordena paralizar cualquier actividad derivada de la licencia de construcción, los locales comerciales siguen abiertos y funcionando.

Ante el riesgo de que la suspensión pierda eficacia práctica y con el acompañamiento legal del abogado especialista José Manuel Hermosillo, la ciudadanía y los colectivos involucrados enviaron el 4 de agosto pasado una carta a la presidenta Claudia Sheinbaum y otra a Omar Joel Vázquez, director general del INAH para que el instituto ejerza sus facultades legales y clausure la plaza comercial, realice una inspección y garantice la conservación del sitio reconocido como patrimonio arqueológico de la nación. Su sueño, me cuentan, sería recuperar el jardín.

adriana.neneka@gmail.com

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